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jueves, 1 de enero de 2015

Las Lagunas del Pissis y la lección que mitos y milagros son posibles, día 8, Catamarca, Argentina

El plan del día consistía llegar primero a las lagunas del Pissis para luego continuar hasta la frontera con Chile para divisar de cerca los volcanes de seis metros que allí se ubican. La vuelta a Fiambalá significaría el fin de la aventura para continuar luego viaje hacia la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca, punto de partida del ómnibus hacia Rosario.
7:30 salimos, cargamos combustible y tomamos la nacional 60 rumbo a los seismiles. La ruta en perfectas condiciones recorre parajes de gran belleza escénica como el Cañadón del Indio, Cerro Bayo, Quebrada de las Angosturas y el Valle de Chaschuil, también vamos dejando atrás pequeñas construcciones conocidas como refugios, unas casitas alpinas equipadas en donde uno puede guarecerse en caso de contingencias climáticas adversas.Para las 9:15 dejamos la comodidad de la nacional para ingresar nuevamente en los caminos de alta montaña que nos acompañaron durante una semana.



El desvío hacia las lagunas es conocido con el nombre de La Coipa, se ubica a 3300 metros y a partir de allí comienza una trepada que nos llevará hasta los 4800, una altura de la que ya me había desacostumbrado hacia el final de la aventura, a lo lejos divisamos dos camionetas estacionadas en una pequeña casa, quizás no estemos solos durante el recorrido pensé y eso en cierto punto es bueno, o milagroso...
Atravesamos parte del camino congelado, surcamos un campo de matas amarillas de alta montaña y llegamos a un balcón a 4560 metros, hora de estirar las piernas y tomar un cafecito caliente, total si viene alguien por detrás, esperará o tomará café con nosotros. Nosotros en esta oportunidad somos cuatro, David, el padre, un amigo y yo, mucha gente a veces puede ser molesto, bueno o milagroso...
Supongo que la advertencia estará dirigida a los guanacos

Tras superar los 4700 metros y justo por detrás de tan exótico cartel aparece la Laguna Aparejos, el camino vuelve a congelarse y en cualquier momento deberíamos toparnos con la primera laguna de colores, separada de las otras que yacen bajo el volcán gigante.
David me señala que ya se divisan los seismiles, vemos el Famatina a la izquierda y el Pissis en el centro, luego aparecerán en escena el Incahuasi, el San Francisco, el Muerto, el Walter Penck, el Tres Cruces y el Ojos del Salado.
Trepamos una silleta y encontramos la depresión que alberga la laguna azul, celeste, verde o turquesa como quieran llamarla según el color con que se vista para la ocasión. Para no contradecir a nadie la llamemos azul o celeste como se la conoce oficialmente.
Según como dé el sol y como uno busque fotografiarla cambia de color, lo mejor es observarla desde lejos para así poder capturarla en su totalidad monocromática.
Los seismiles y la Laguna Celeste
El GPS marca 4608 metros durante el último ascenso antes de emprender la bajada hacia el Mirador del Volcán Pissis de 6882 metros de altura, el más alto del mundo sin registrar actividad. Afuera corre el viento más intenso que jamás soporté en mi vida hasta ese momento, no podría calcularlo pero seguro pasa los 80 kilómetros por hora, eso dificulta muchísimo sacar las fotos sobre todo con la pesada cámara Nikon 2000, que se mueve para todos lados al igual que el cuerpo.
Observamos cuando el viento nos deja las tres lagunas de colores, Azul, Verde y Negra, custodiadas por las rocas más hermosas de la cordillera toda. El mirador se ubica a 4480 metros y el viento descontrola, pero es parte de la descomunal, exagerada, magnífica postal que nos devuelve la Madre Natura, el viento es otra variable que afecta nuestros sentidos, la vista tiene su regalo, pero el oído, el olfato y hasta el tacto, porque el viento se puede tocar, es palpable, tienen su gozo ante la violencia explícita que nos propone eolo.
Obviamente la toma fotográfica no puede reflejar la magnitud del sitio ni plasmar lo que captan todos los sentidos, pero sirven para contar colores y formas y creo que son elocuentes.
Emprendemos el regreso, es pasado el mediodía y el plan consiste en no parar hasta Cortaderas, para luego seguir viaje hacia la frontera para encontrarnos cara a cara con las moles ahora un tanto distantes.
El cansancio se hace notar, pero seguimos adelante todavía falta bastante.
Vamos dejando atrás lugares que fuimos transitando por la mañana, pronto llegaremos a los 4560 metros para comenzar a bajar ya en forma definitiva, llegamos al campo de matas amarillas que tanto me habían sorprendido y cuidado!, de la nada un guanaco se atravesó delante de la camioneta, extraño suceso que nos quitó la modorra que nos venía afectando a los cuatro, mala señal dijo el amigo de David, conocedor de los mitos y tradiciones de la alta montaña, mala señal me dije, no es momento de joder amigos.

El campo de matas amarillas que se convertiría en el punto final de la travesía

Pasaron un par de minutos del incidente con el guanaco y la frase premonitoria del amigo se hizo realidad, pinchadura!, la primera en todo el viaje, bueno, otra experiencia para contar, será una media hora de varadura justo sobre el campo de matas amarillas pensé, buen lugar para fotos. David y el padre bajan en búsqueda del auxilio, mientras el amigo me dice, deberíamos haber invocado a la Pacha, cuando sucede algo así en la montaña, la Pacha pide un rezo, una invocación, un buche de alcohol y nadie lo hizo, se molestó con nuestro silencio, eso fue lo que pasó, perdón Madre, fuimos necios, pero ya era tarde...
Seguramente cuando reacondicionó la camioneta en Mesada de Zárate en algún lugar de la casa quedó la llave cruz necesaria para desajustar las tuercas de la cubierta, uff!!, calma, recordamos que no estábamos muy lejos del lugar donde por la mañana habíamos divisado dos camionetas, una Land Rover y una Toyota, primer milagro, nos dividimos en dos grupos, segundo milagro, David padre y el amigo caminarían hasta la casa en búsqueda de auxilio, mientras nosotros dos esperamos dentro del vehículo, durante los minutos de silencio comencé a hacer cálculos, estaríamos a unos 20, 25 kilómetros de la nacional 60, esa distancia en bajada nos demandaría por el camino unas cuatro o cinco horas de caminata, luego hasta Cortaderas, asiento de la gendarmería y de un hotel de alta montaña tendríamos unos 15 kilómetros más, o sea otras cuatro horas en subida, son las 14.00, para la medianoche tendríamos que estar alojados en caso que nadie nos levante previamente, ese sería el peor escenario, caminar 40 kilómetros a 4000 metros, con viento y muchísimo frío. Pasaron dos horas y el padre regresó con la noticia que el dueño de la Toyota estaba haciendo un trekking por las montañas de la zona como manera de aclimatarse antes de realizar el ascenso a un seismil, pero que bajaría durante la tarde, mientras tanto el dueño de la Land vendría a colaborar con David, me aconsejan bajar hasta la casa, por lo menos allí hay refugio seguro y vehículo, acepto y emprendemos junto al padre una caminata de unos 7 u 8 kilómetros primero por la ruta y luego a Puna traviesa, esa aventura no me la voy a olvidar jamás, caminar por esa geografía es un imposible cuando uno anda solo.
Parajes de la Puna, caminando hacia el refugio

Llegamos, David ya había bajado porque habían inflado la cubierta con un matafuegos, ahora había que esperar al dueño de la otra camioneta que tenía la llave de la caja donde en estaba la llave cruz. Una mezcla de sensaciones me invadía, cierto enojo por el detalle, cierta angustia de que hubiera sucedido si esa circunstancia se daba en esos tramos sin nadie a la vista y a setenta kilómetros del lugar habitado más próximo, tranquilidad por estar completamente contenido y con un vehículo a disposición para llevarnos hasta Fiambalá en caso de ser necesario. Pasadas las 18:00 bajaron los montañistas cordobeses, le dieron a David la llave y así pudimos cambiar la cubierta y proseguir viaje, atrás quedó el Paso San Francisco, quizás alguna vez haya revancha, ahora la cuestión era llegar y conseguir pasaje para Catamarca, la aventura había llegado a su fin, no de la manera esperada, pero tampoco era para estar de mal humor, tan solo una probabilidad cierta que se terminó cumpliendo en medio de mitos y milagros.
En la terminal me informan que no hay pasaje para esa noche, los servicios del Gutierrez y el Robledo están completamente vendidos, calma, mañana será otro día seguramente mejor. David mueve sus influencias y de la nada aparece disponible el asiento 9 del servicio de la Gutierrez que parte 0:30, evidentemente aprendí la lección y la Pacha se desenojó.
Pizzas, empanadas, té calentito, regalos y mucho cariño por parte de toda la familia, ahora tenía toda la noche para pensar como terminar el viaje, todavía podía reescribir la última escena y darle a la película otro final. Por ahora el final era tan solo para el octavo día con un perdón y un Gracias David!!!







Las Dunas de Tatón, el oratorio devorado, Fiambalá y toda la moda de Anté Garmenóz, día 7, Catamarca, Argentina

El séptimo día preveía una travesía corta y sin sorpresas, recorriendo caminos y huellas bien conocidas por David un oriundo de la zona, así que pasadas las 9:00 salimos con destino final la ciudad de Fiambalá, último destino programado que como veremos no terminó siendo tal.
Sin duda la jornada de hoy tenía un atractivo principal llamado Dunas de Tatón y para mí el desafío de hallar a la huidiza capilla de San Isidro semienterrada en la arena de las dunas de Medanitos.
Por una estrecha ruta de montaña a 2200 metros de altura comienzan a desfilar pequeños pueblos, parajes y sitios de encanto serrano como La Zanja del Diablo, Ciénaga y Antinaco
Toda el área que va desde Ciénaga hasta Fiambalá está definida por un elemento que la distingue, casi podríamos decir como una marca registrada para la zona, la arena, los arenales convertidos en amenazantes dunas de más de 80 metros de altura. Al cruzar por esos extensos cauces secos de los ríos ya se puede divisar a lo lejos la arena adosada a las montañas. Pintorescos cementerios y las construcciones de adobe son otros sellos distintivos de la zona que se extiende con esos rasgos hasta Tinogasta, conformando un circuito turístico que comienza a ser muy demandado denominado "La ruta del adobe".
Las ruinas de una vieja escuela abandonada nos permiten admirar detalles constructivos de la técnica de edificación con adobes, espesores de muros, dinteles, soporte de los techos, lástima que no se haya intentado preservar la ruina como patrimonio local, o incluirla en la famosa ruta que culmina teóricamente en Fiambalá.
El viaje prosigue hacia Palo Blanco, el punto más importante de éste tramo de la provincial 34, pueblo precordillerano con extensas plantaciones de vid, ubicado a 50 kilómetros al N de Fiambalá.
Aquí recorrimos la plaza, un oasis de colores y sombras, un curioso oratorio adosado a la pared del hospital y una bodega artesanal en donde compramos el vino necesario para el asado programado para la noche en las Termas, termas, agua, malla, no tengo malla, para que voy a traer una malla en un viaje por la Puna, acaso son termas nudistas, no,caramba...


En un momento determinado y casi sin darnos cuenta apareció en nuestras vidas un elemento casi olvidado, el pavimento, aquella superficie que supimos transitar durante algunos pocos pasajes del camino entre Caipe y La Casualidad y que luego durante cuatro días desapareció del vocabulario.

Los cerros frágiles se van desgranando debido a los intensos vientos y se van convirtiendo en arena que se va acumulando en cuanta superficie se le presente durante su camino.
Las Dunas de Tatón se hicieron célebres cuando a partir del 2009 el Rally Dakar las tomó como protagonistas principales, debido a la espectacularidad que provoca ver a esas moles escalando y deslizarse por esas paredes de más de 80 metros.


El sol del mediodía espanta a cualquier mortal, por eso decidimos seguir viaje hasta donde culmina el camino, en Puerta de Tatón, buscando la Capilla del Señor de la Agonía, durante el trayecto siguen apareciendo formaciones montañosas con arenales. Aquí se ha hecho muy usual la práctica del sandboard, que consiste en deslizarse con una tabla especial a través de las altísimas dunas.
La capilla ubicada en Puerta de Tatón fue construída hace unos veinte años como resultado de la fe de miles de peregrinos que veneran al Señor de la Agonía. La historia cuenta que en 1946, Bautista Morales Rosa, un jovencito de 14 años encontró en el lecho seco del río Abaucán un crucifijo dorado, al poco tiempo los pobladores comenzaron a pedirle favores y gracias que supuestamente eran cumplidas, esos actos de fe se esparcieron por el boca a boca en toda la región convocando a miles de fieles que terminaron generando un santuario que impulsó la creación de una capilla al final de una gran escalera que los promesantes suelen subir de rodillas y un predio muy grande en donde se permiten acampar durante los días festivos. Nosotros aprovechamos la proveduría para comprar comida que con ganas devoramos bajo la hermosa sombra.

Para la vuelta dejamos la búsqueda de la capilla de Medanitos, en verdad estuvimos largo rato buscándola porque nadie sabía sobre su existencia, nos fueron derivando de casa en casa hasta que por fin encontramos a alguien que creía tener un conocido que sabía de una señora que alguna vez había hablado con un viejito que vivía pegado a un arenal que supo esconder una especie de oratorio que fue tapado por la acción del viento. Bueno vayamos por parte en busca del amigo para que nos guíe con la señora que nos ubicará al viejito que vive pegado al arenal, siempre y cuando el arenal no se halla tragado a la casa del poblador.
La historia es cierta y demandó un par de horas hasta dar con Don Nicolás Reales de sesenta y ocho años, el único sobreviviente en la zona conocida como San Isidro ya que todo el mundo escapó de allí temiendo ser devorado por la arena, que un día llega y para la noche te comió la casa, si eso pasa yo me voy a quedar adentro, no me voy a ir, moriré bajo la arena, no tengo donde ir y aquí viví toda la vida.
La casa de Don Nicolás y la duna que la acecha, duna que seguramente ya habrá devorado la casa como lo hizo con el oratorio de San Isidro, es de esperar que alguien haya convencido al poblador para que desista de tal idea suicida, espero!
Los restos del oratorio y Don Nicolás convertido en sombra


Para las 17:00 ya estaba instalado en el hotel de Fiambalá, me debía otra vuelta por la hermosísima iglesia de San Pedro que data de 1770, en ella se guarda una imágen del santo traída de Bolivia y algunas piezas de arte cuzqueño, luego un tranquilo regreso al hotel aguardando el momento de ir a las termas de Fiambalá, todavía estaba a tiempo de comprarme la malla, la compro o no la compro...

Las termas de Fiambalá se ubican a 16 kilómetros de la ciudad, en una quebrada natural de 1850 metros de altura. Están compuestas por 17 piletas en donde el agua caliente se va haciendo más fría a media que baja a los niveles inferiores, según la promoción de las mismas ofrecen una de las mejores aguas termales del mundo. Para la ocasión utilizamos las terrazas a 35-38 y 39 grados, y asiento que se trata de un lugar del cual no te quisieras ir jamás, sobre todo cuando te colocas bajo el violento chorro de agua que cae de la pileta superior inmediata. Son las 20:30, hay gente disfrutando de las mismas y los asadores, también el complejo cuenta con  hotel y restaurante. Bien a esta altura alguno podrá preguntarse con que ropa me metí a las piletas naturales, muy simple, en zolcillonca, busqué el más digno y listo, total la gente que sabe, y si sabe, que le importa y si le importa, mala suerte...
Luego vino el asado hecho por David padre y David tío, la ensalada, el patero de Palo Blanco, las anécdotas que incluyeron a conocidos de la familia y amigos de amigos, todo hasta las 24:00, hora en que cierran el complejo, luego no te queda otra opción que alojarte o quedarte por ahí, ya que no se abre hasta la mañana del otro día, bajamos entonces hacia Fiambalá a la espera de hoy, día nueve, último día de viaje con David, viaje que nos llevaría a los seismiles y las lagunas del Pissis, una travesía muy poco conocida para el momento de realizar la aventura y que se convertiría en toda una aventura en si misma con final incierto que de algún modo cambiaría el curso de la historia.