Páginas vistas en total

martes, 14 de enero de 2014

Las enseñanzas del Lago Titicaca, Bolivia

La vuelta hacia La Paz nos posibilita una visita al pueblo de Laja y su bella iglesia del siglo XVIII.
El nuevo día nos regala el tiempo necesario para visitar Copacabana y el Lago Titicaca, el nuevo día también nos brindaba la posibilidad cierta de pasar a la historia.
Ver escenas de una Bolivia marítima extraña, aunque ese mar fuera el lago navegable más alto del mundo, extraña y sensibiliza, porque se trata de un derecho legítimo por el cual el pueblo boliviano batalla desde hace años. Bolivia quiere su mar, le pertenece, lo necesita.
La tarde se presentaba maravillosa, el sol a pleno garantizaba una buena navegación por el Titicaca rumbo a la Isla del Sol, montañas aterrazadas, caseríos colgados de barrancos a 4000 metros de altura, un cielo impecable con algunas nubes a lo lejos.
Desembarcamos, las nubes lejanas avanzaban a paso redoblado sobre nuestra posición en tierra, la guía nos anuncia que se desataría sobre nosotros una de esas tormentas repentinas con final incierto, las opciones eran, seguir viaje por la isla hasta el poblado, quedarnos en las ruinas de piedra esperando que la tormenta pasara, o sacar cuatro fotos y volver tratando de ganarle al fenómeno que para ese momento alcanzaba el estatus de deidad.
Decidimos volver cuando la tormenta ya golpeaba sobre nosotros, tendríamos que atravesarla perpendicularmente, con el viento golpeando sobre el lateral del barquito de papel glacé. Cuanto tiempo pasó, no puedo calcularlo, como no puedo calcular el tamaño de las olas, la fuerza del viento, el despegue de la lancha sobre el plano del agua, y todo bajo la tremenda paz que irradiaban los rostros de la guía y el conductor.
Cuando logramos salir del vórtice de la tormenta y cierta tranquilidad ganó nuevamente al lago, le pregunté a la tripulación como podían estar tan relajados en medio de semejante contingencia y la respuesta todavía resuena.
-Si algo nos pasaba, y era muy posible que algo nos pasara, hubiera sido un mandato de los dioses que habitan en el fondo del lago, cuando una lancha naufraga, los cuerpos quedan para siempre en las profundidades, nadie los rescata, le pertenecen al Titicaca, es un privilegio para pocos el ser devorado por el lago sagrado.
-En serio
-Siiii!
No recuerdo otro ataque de devoción más intenso que el acontecido en la Basílica de Nuestra Señora de Copacabana, el lugar era el indicado, el momento era el preciso, aunque quizás por una cuestión de jurisprudencia los referentes religiosos católicos no hubieran podido actuar sobre las deidades del lago, pero en verdad el susto fue mayúsculo, la tormenta fue corta pero extrema y más que nunca el respeto a la tierra, sus ritmos y mandatos se corporizaron en mi historia, creo que el acontecimiento fue una bisagra en cuanto al respeto hacia la madre de todas las madres y las creencias ligadas a esa cosmovisión, puedo decir que aprendí la lección, puedo decir a la distancia que ví la luz al final de la tormenta.

Tiwanaku, Departamento de La Paz, Bolivia

Cuando pienso sobre la cantidad de fotografías que todavía no compartí siento como que les soy un poco injusto ya que hay mucho material de viajes realizados antes del 2008, año que marca mi antes de y mi después de... Bolivia, Chile todo, nuestro Norte más ignoto y el Brasil barroco esperan la luz.
Aquí continúo con una travesía realizada en 2007, que abarcó los departamentos de Potosí, Oruro y La Paz
Se considera que Tiwanaku es una de las culturas mas antiguas de América del Sur, con 25 siglos de duración entre el 1500 A.C y el 1000 D.C, se considera también que tuvo tal importancia y que su cultura tuvo tal expansión y magnitud, que sembró las bases para el desarrollo futuro de otra gran cultura prehispánica, la Inka.
En los 2500 años de su historia, Tiwanaku llegó a ser el gran imperio que fue gracias a una evolución organizada, fruto de una eficiente administración estatal de su sociedad, segmentada en clases sociales bien diferenciadas, jefes estatales, artistas, pensadores y científicos conformaban los estratos dominantes, mientras que los trabajadores que construyeron las ciudades y edificaciones que engalanaron la cultura se ubicaban en los estratos más bajos de la sociedad.
La élite gobernante era la clase con poder que edificó las grandes obras y que se arrogaba para sí poder divino. En la clase media encontramos a los encargados de la realización de las obras ideadas por esta clase iluminada. El estrato más bajo contenía al campesinado y a los ejecutores de las grandes obras pergeñadas por los semidioses, en síntesis toda la estructura del estado descansaba en el trabajo de éste sector social.
El complejo todavía guarda sectores por descubrir como la gran pirámide de Akapama, centro ceremonial de siete pisos escalonados, la pirámide es considerada como un templo-sepulcro, símbolo real del Estado, zona sagrada en donde se encuentran el cielo, la tierra y las profundidades.
Kalasasaya muestra el gran conocimiento astronómico que tenían los tiwanakotas, la pared Oeste se alineó con el movimiento del sol. En el Templo de las Piedras Paradas se verificaban con exactitud las cuatro estaciones y el año solar de 365 días. en ambos equinoccios el sol nacía por el centro de la puerta principal del edificio. El templo cubre 2 hectáreas y su estructura está basada en columnas de arenisca y sillares perfectamente cortados en donde sobresalen gárgolas para el desagüe de lluvia.
Wiracocha
Puerta del Sol
Frente al Kalasasaya encontramos al templete semisubterráneo. Ésta construcción es un edificio muy interesante de visitar, en sus paredes se encuentran enclavadas piedras con forma de cabezas labradas que simbolizan a los distintos grupos étnicos que poblaron la región.
En éste sitio se encontró la enorme estela 10, más conocida como monolito Bennett, en honor al investigador Wendell Bennett.
El monolito Bennett se ubica en el moderno museo adyacente al complejo arqueológico. Esta obra fue descubierta por arqueólogos norteamericanos en 1930, en el contexto de la guerra que enfrentaba a Bolivia con Paraguay por el dominio del Gran Chaco y tuvo para el pueblo boliviano un significado simbólico muy importante e el marco del "Gran Proyecto para la Arqueología Boliviana", proyecto que trataba de enlazar al ciudadano actual con la cultura Tiwanakuta con propósitos nacionalistas, y que fracasó ante la negativa de los paceños ante cualquier iniciativa de transformación de la incipiente moderna urbe con vestigios precolombinos.
                                         





  Si hay algo fascinante en las ruinas de Tiwanaku es su misterio, frecuentemente ligado con presencias espaciales que llegaron a nuestro mundo para dejar testimonio de sus conocimientos.
El gran referente era indudablemente Wiracocha, el creador de todas las cosas, que surgió de entre las entrañas del gran Lago Titicaca y creó a los seres a su imágen y semejanza.
Éste en sus orígenes crea al cielo, la tierra y cierto género de hombres al que deja precisas normas, el hecho de no haberlas cumplido pareciera ser motivo de su retorno, imponiéndoles el castigo más drástico, los elimina convirtiéndolos en piedra.

La experiencia de recorrer estos lugares sagrados es muy energética, se puede percibir aunque no se pueda explicar con palabras sencillas, hay que ir, hay que caminar, palpar, escuchar el llamado de esas rocas talladas por seres ancestrales que sentían y pensaban un modelo de sociedad que mucho tiene en común con la nuestra.