Páginas vistas en total

domingo, 4 de enero de 2015

El Lejano Oeste, El Toro, Rosario de Coyaguayma, Vilama, Pululos y el Valle de la Luna, Jujuy, Argentina

Cumpliendo con la promesa subo en esta oportunidad el pequeño tramo argentino del viaje realizado en setiembre de 2010 por Jujuy y las lagunas de colores bolivianas hasta el Salar de Uyuni. El tramo en el vecino país ya fue relatado en este blog, pero los dos días de travesía por el lejano oeste jujeño nunca habían sido contados en su totalidad y guardan lugares muy poco retratados.
La aventura se inicia el 26 de setiembre de 2010, parte desde Purmamarca, sigue por Salinas Grandes hasta el incidente de la varadura en el arenal en medio de la feroz tormenta oportunamente contado en el día 1 del trabajo anterior / http://cercanorte.blogspot.com.ar/2014/12/la-gran-aventura-dia-1-petroglifos-de.html.


La mañana del día 27 se inicia con un corto paseo por los alrededores del hotel en Susques, para luego seguir viaje rumbo al NO por la provincial 38, bordeamos el Salar de Olaroz, nos detenemos en el baño público ubicado a la vera del desolado camino, el mismo se halla completamente instalado con bidet y ducha de agua caliente, el problema es que la llave hay que ir a buscarla y devolverla en San Salvador de Jujuy, así pasa que entre que vas y volvés te vuelven a dar ganas y así quedás encerrado en una especie de cinta de Moebius haciendo el mismo camino hasta la eternidad. Seguimos en la búsqueda de la provincial 70, la última frontera vial de la Provincia, otro de los tantos caminos fantasmas en los mapas viales oficiales.
La nacional 52 a la altura de las Salinas Grandes
Las Salinas
La capilla Virgen de Belén de Susques, data de 1598
Baño público en plena Puna
Camino y río congelado son la misma cosa así que hay que transitar con muchísimo cuidado porque el hielo se torna vidrio en esas condiciones.
Tras recorrer unos 30 kilómetros llegamos al pueblito de El Toro, aquí la mayoría de los 200 habitantes se dedican al pastoreo de ganado en altura, hay escuela y sala de primeros auxilios. Aprovechamos la despensa del lugar para comprar tutucas y caramelos para los chicos de Rosario, son las 10:00 y el frío y el viento duelen.
La aventura continúa con la búsqueda de la finca de Don Puca, este caballero posee en sus tierras una capilla a medio construir, desgraciadamente es muy viejito y ni habla ni entiende, así que no pude obtener información sobre si fue él el autor de la misma o si ya estaba en su finca. La misma se encuentra saliendo de El Toro y desviando por una estrecha huella a unos 7 kilómetros aproximadamente del pueblo en dirección desconocida.
El pequeño altar también es de piedra con nichos que aguardan todavía la presencia de alguna imágen. El lugar es sorprendente por la belleza y la escala del edificio que se mimetiza con los cerros tapizados del fondo. Nos despedimos de Don Puca y seguimos viaje rumbo a la bella durmiente, son las 10:30 y en el camino siguen apareciendo aleros y construcciones de piedra utilizadas por los pastores de alta montaña, según cuentan inclusive desde antes de la llegada del invasor español, ya que previa a la dominación Inca ocurrida en 1430 la zona era habitada por grupos de originarios que se dedicaban a las mismas labores que hoy realizan los pobladores locales. Para las 11:30 se divisa entre algunas nubes la bellísima estampa de Rosario de Coyaguayma, para mi gusto una de las tres iglesias más bonitas del país junto con la de Molinos en Salta y Candonga en Córdoba.
A la entrada un pequeño caserío vive una familia numerosa que no para de festejar nuestra presencia ya que no es para nada frecuente que pasen viajeros por sus dominios, los niños chochos con las golosinas y los padres contentos de ver contentos a los chicos, en una jornada que de repente se les tornó muy distinta.




En la época colonial existió en el lugar una mina y la construcción de capilla está relacionada al hecho, había que evangelizar a los locales que trabajaban en las explotaciones mineras.

Dejamos atrás Coyaguayma, internándonos en una huella muy mala que nos conduciría al filo del abismo, ahí donde termina la patria. Nubes de bórax que se escapan de los salares nublan la visión, estamos sobre el mediodía y el viento comienza su implacable labor diaria.
Las Lagunas de Vilama y Palar se ubican a 4700 metros de altura, el paisaje es sobrecogedor por la soledad, el rugir del viento que casi no te permite abrir los ojos y la certidumbre que estamos frente a uno de los lugares más inhóspitos de Argentina, a cientos de kilómetros de algún centro consolidado. El clima y la altura son tan extremas que no admiten movimientos bruscos, ni caminatas ni la búsqueda de la toma adecuada, tan solo un par de minutos fuera de la camioneta y un malestar general invade todo tu cuerpo.
Son las 13:25 y emprendemos el regreso ahora rumbo E, en búsqueda de vida humana. El camino desaparece y circulamos por una planicie anchísima con algunas pocas huellas señal del escasísimo tránsito que soporta la zona.
Visto en perspectiva admito que es jugar a la ruleta rusa el andar solos por esos caminos, ya que si algo ocurre no queda otra que largarse a caminar, mínimo 60 kilómetros hasta encontrar algún puesto con gente que poco podrá hacer para ayudarte, más que con agua, un plato de comida y un techo, para luego seguir viaje otros tantos kilómetros más hasta llegar a un sitio con teléfono, pero bueno es un riesgo a correr que uno no siempre lo toma en serio como se debería.
Una inesperada carrera con un solitario guanaco
Flamencos en la Laguna Pululos
Sobrepasamos los 4800 metros, a David y a mí nos dá una repentina somnolencia, a la camioneta le sube la temperatura, indudablemente hombre y máquina no están preparados para semejante condición natural, seguimos muy despacio porque hay riesgos ciertos. Por suerte el efecto de presión disminuye a la hora de afrontar la Cuesta del Farallón, impresionante bajada en medio de un camino malísimo y muy angosto.
Precipicios temibles
El pueblito de Farallón
La llegada a Cusi Cusi
Para las 16.00 nos encontrábamos ya en Cusi Cusi sacándole fotos a la plaza, iglesia y monumento a San Martín cuando se nos apareció primero un policía y después alguien que se presentó como el comunero a informarnos que teníamos que pagar por las fotos que estábamos tomando, como la situación era francamente inverosímil, pero a su vez no estábamos en condiciones de negarnos aduciendo derechos constituidos, les informamos que primero tomaríamos todas las fotos, inclusive las de los alrededores y cuando volviéramos para alojarnos ahí abonaríamos el valor pedido por el hecho, bueno no hace falta imaginarse como siguió la historia, lamento la actitud del supuesto comunero, puedo comprenderla en virtud del aislamiento y el alcohol en exceso que portaba, pero sigan participando muchachos...
Cusi Cusi, site unfriendly
Ya sobre la nueva traza de la nacional 40 aparece el sitio conocido como el Valle de la Luna, una formación con colores semejantes a los cañones riojanos. Se puede bajar pero la hora aconsejaba lo contrario.
Dejamos el valle transitando la nueva 40, ahora la búsqueda era un sitio para pasar la noche, primero entramos al caserío de Paicone, allí nos informan que nadie daba alojamiento, pero nos sugirieron ir a Ciénaga de Paicone que contaba con un albergue comunal, hacia allí nos dirigimos, más al NO y fuera de la traza de la ruta.
Ciénaga creció cuando trasladaron la escuela desde Paicone, no tiene iglesia católica pero hay dos evangélicas, su proximidad con Bolivia hace que todos los años se celebre una gran feria binacional y un certamen internacional de llamas. Para 2010 la gran lucha de la gente era la instalación de un teléfono y la apertura del paso a Bolivia.
A las 21:00 salimos a comer, una familia que prepara comida con ofrece sopa de cordero, bife y ensalada, nos volvemos antes de las 23:00, hora en que cortan la luz, mañana nos espera otra larga jornada que debería culminar en La Quiaca.


1 comentario:

  1. Para llegar a valle de la luna es todo ripio? Se puede salir desde purmamarca y volver en el día??

    ResponderEliminar