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domingo, 20 de mayo de 2012

Resistente a terremotos y olvidos, la Inmaculada Concepción, Chepes Viejo, La Rioja, Argentina

Chepes, es una ciudad de paso, ciudad de parada corta en medio de los llanos, camino a Córdoba o San Juan, Chepes creció gracias a eso y al ferrocarril que hasta hace unos pocos años transitó por sus vías ahora desaparecidas.
Mitad del día y ya acomodado en un hotel sin demasiadas pretensiones, busco algo para comer, y como buena ciudad de paso, sobre la RN141 se asientan un par de pequeñas parrillas, pido algo de asado y alguna achura, y al cabo de un tiempito prolongado y sobre un braserito viene un chorizo y un tira de carne tipo comidita de Barbie, no más de 10 bocados siendo generoso, respiro profundo y recuerdo que Chepes es una ciudad de paso y que posiblemente nunca más me tendrá como huésped ocasional.
En medio del proceso de digestión de tan escuálido bocadillo enfilo hacia mi destino deseado, Chepes Viejo.
El caserío se encuentra separado del actual casco urbano por culpa de don Apolinario Tello, quién se negó a entregar tierras de su propiedad para que pase el nuevo ferrocarril, lo que obligó a un rediseño de la traza produciendo un nuevo asentamiento, el actual Chepes.
El pueblo viejo tiene más de 300 años, una capilla igualmente centenaria actualmente abandonada, un Museo de los Caudillos que nunca abre y un nuevo templo al otro lado de la plaza actualmente en reconstrucción.
Vuelvo para la ciudad de paso fugaz, recorro su estación de tren reciclada para oficinas comunales, desvirtuada como tal, atomizada en 118 pequeñas celdas que dan cabida a 118 pequeñas sub-sub secretarías, camino por sus otras instalaciones fagocitadas por una naturaleza generosa, visito su plaza también en re-construcción, me cruzo con adolescentes portando sendas damajuanas de vino clase Z, me entero que por la ruta llega mucha droga para los pibes y a esta altura me digo menos mal que no reservé hotel más que para esa noche. La fiebre vespertina de un resfrío en su punto límite me guarda durante el resto de la tarde y la noche, noche de fútbol, de programas K y anti K y de sendos espacios publicitarios dedicados al Conforty Bra. Me rindo ante los 39 y pico, deseando que la mañana de mañana me tenga nuevamente en el camino.

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