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domingo, 8 de junio de 2014

La historia hace agua, Río Paraná, Chaco-Corrientes.

El Paraná mirando al norte desde el Puente General Belgrano, dejo el Chaco para entrar en Corrientes, dejo el cercanorte para sumergirme en el Río marrón.
http://riomarron-rodolfo.blogspot.com.ar/

Tarde con arte e historia, Resistencia, Chaco

Con todo lo recientemente sucedido se había hecho un poco tarde como para empezar la recorrida de los museos, pero igual me lancé sobre ellos, la primera parada la establezco en el MUBA (Museo de Bellas Artes Rene Bruseau), moderno e imponente edificio perteneciente a Casa de las Culturas, ubicado frente a la plaza 25 de Mayo.
En su edificio además del mencionado museo, funcionan otras áreas como la Orquesta Sinfónica y el Ballet Contemporáneo de la Provincia.
El museo nace en 1982, gracias al trabajo de la profesora Miryam Romagnoli, e inaugurado oficialmente el 14 de abril de 1983, funcionando unos años en ese espacio físico para recalar posteriormente en otro de mayor superficie, hasta llegar en 2010 al emplazamiento actual. Su patrimonio actual está conformado por 600 obras de autores chaqueños, destinando dos salas del tercer piso a promover y difundir el trabajo de jóvenes realizadores, y exhibir parte de la colección permanente del mismo.
Cuando llegué al mismo pasadas las 17:00, el espacio central estaba atiborrado de guardapolvos blancos, gesto que no dejé de recalcar ante todas personas con las que pude hablar, luego en la sala principal varias alumnas de bellas artes tomaban apuntes, comentaban entre ellas e intercambiaban puntos de vista, a veces no concordantes con la encargada de acompañar la visita, ahí sentí verdaderamente que el museo estaba vivo, que no era esa institución acartonada en donde entras y una funcionaria sacada del programa de Gasalla te dice, no se puede fumar, ni sacar fotos, ni grabar, ni sentarse en las sillas ni pedir a Tévez para la selección, y que luego prosigue su charla con la otra persona que tiene al lado como si no hubiera pasado nada, no acá el bullicio blanco y la diversidad de puntos de vista hacían que el espacio estuviera cargado de energía positiva, creativa.
Sigo camino y me interno en la Plaza 25 de Mayo, enorme espacio cargado de árboles autóctonos y esculturas, dos símbolos de Resistencia y el Chaco todo, también sede de todas las protestas contra el gobierno de turno, debido a que la gobernación se encuentra enfrente.
Desde 1998 hasta el 2004 albergó a la Bienal Internacional de Esculturas, ahora presente en el Domo del Centenario sobre la costa del Río Negro.
En el centro de la plaza una estatua ecuestre del General San Martín, señala el oeste simbolizando el cruce de los Andes en 1817.
En otro rincón Eva Duarte de Perón, subida a un gran pedestal saluda a la multitud congregada...
O acaso pone distancia o freno a quienes jugaron un rol importante en los desgraciados sucesos de 1955.
Cruzo de vereda y me dirijo a la Catedral, que mantenía sus puertas principales cerradas.
Las esculturas que engalanan la fachada de la Catedral pertenecen a la obra del destacado autor local Fabriciano Gómez, presidente de la Fundación Urunday, quién donó mas de 40 obras para engalanar la ciudad y también su casa para que alguna vez funcione allí otro museo dedicado al arte escultórico.
Le debo la presencia al Fogón de los Arrieros, templo cultural de la ciudad y podríamos decir el lugar donde empezó la movida que distingue a Resistencia. La historia del mismo es riquísima así que bien vale un viaje casi exclusivo para perderse entre todo el material allí expuesto.
Termino mi corta visita a la capital de la Provincia en el Museo del Hombre Chaqueño Ertivio Acosta, un espacio que desnuda las vivencias de los grupos poblacionales que identifican al Chaco. Pueblos Indígenas, criollos e inmigrantes se diferencian e interrelacionan a través de sus cosmovisiones, sus cotidianos, padecimientos y luchas. Otras salas nos muestran los saberes y creencias populares, a través de la mitología guaraní y las devociones populares y material referido a esa ignominia denominada Guerra de la Triple Alianza.
El museo fue fundado por el profesor y folclorista Don Ertivio Acosta en 1990, quién además tuviera activa participación en la concreción de más proyectos de éste tipo.
Tuve la suerte de haber sido acompañado durante todo el recorrido por un sociólogo y también folclorista quien con muchísima pasión me fue relatando casi como en una película los significados de cada pieza allí expuesta, siempre haciendo hincapié en el hombre por encima de las instituciones.
Los originarios, los españoles, la guerra, la inmigración, la Forestal, represiones, luchas, injusticias, avasallamientos, todo en primera persona y visto siempre desde el lugar del individuo y del grupo al que pertenece, lejos de la mirada institucional que siempre tiende a reflejar la otra cara de la historia.
Realmente ya entrada la noche, vuelvo al Hotel Covadonga con mucho para meditar y reflexionar, desde la odisea insectívora de Chorotis, pasando por la incertidumbre y el hedor de mis palabras y pensamientos hasta la esperanza representada por lo que significa el resguardo del patrimonio de un pueblo a través de los museos y sus divulgadores.
Mañana comienza la última etapa del viaje, etapa que me llevará a cambiar de blog para contar la historia desde el Río Marrón.

sábado, 7 de junio de 2014

Solo Dios sabe que es el séptimo día, el abismo y la luna en el séptimo día, Chorotis-Resistencia, Chaco, Argentina

Bajo del tren junto con otras veinte personas que rápidamente se funden a negro, devoradas por la noche sin estrellas ni luna, quedo solo en medio de la calle que encierra a la estación y vuelvo sobre mis pasos hasta el edificio principal, en donde el personal del tren pasaría las tres horas restantes hasta que comience nuevamente el operativo regreso. Saco algunas tomas malas al tren que quedó completamente solo en la vía secundaria, la principal continúa su viaje a la Provincia de Santa Fe distante pocos kilómetros de Chorotis, camino por la escueta parte iluminada que se extiende fuera del edificio y me siento a esperar las 3:26, hora señala para la vuelta hacia Roque Saenz Peña.
Pocos minutos me bastaron para tomar conciencia que me hallaba rodeado de cientos, miles de insectos, algunos de ellos totalmente desconocidos para un homourbanus, cucarachas, grillos suicidas, sí aquellos que golpeaban mi puerta en el hotel de Colonia Dora, pequeñas ranitas transparentes de 2 centímetros de largo y unos terribles monstruos voladores del tamaño de un B52 en vuelo rasante que se estrellaban contra el piso haciendo tanto ruido como podría hacer una piedra mediana arrojada con fuerza, veamos me dije, y ahora qué. Me paré y busqué resguardo bajo el techo de la estación, establecí una zona de exclusión de metro y medio alrededor mío y apunté toda la artillería a cualquier intruso que osara trasponer la línea imaginaria.
Las restantes 2 y media horas fueron lo más patético y bizarro que me ocurrió en las últimas travesías, mientras seguía con la mirada atenta la trayectoria de los grillos, era atacado por esas especies de empanadas voladoras que todavía estarán comentando entre ellas el susto que le propinaron al gordito.
El gran Julio, me dijo que tal vez se tratara de alguna mutación provocada por el glinfosato, y no suena descabellado si nos atendemos a la filmografía de ciencia ficción clase Z que nos habla de horribles mutaciones en las especies animales y humanas sometidas a químicos, y son esos químicos prohibidos en el norte los que perfuman el aire de nuestros campos.
A las tres en punto comenzaron a sonar alarmas y despertadores dentro del edificio estación señal que el personal se ponía en marcha y con él la prosecución del viaje.
Chorotis se desarrolla con la llegada del tren en 1937, según el Censo 2010, cuenta con 941 habitantes, cifra que representa un incremento poblacional del 104% respecto con la medición del 2001. No tiene acceso pavimentado, hecho que reafirma la importancia del tren para la movilidad de su gente.
Comenzamos puntualmente el viaje de regreso, salimos del fin del mundo tan solo tres personas, el valor del pasaje hasta Peña es de $ 16, la distancia a cubrir 185 kilómetros, el tiempo 6 horas (si todo marcha sobre rieles...). A medida que avanzamos el tren comienza a poblarse principalmente de madres con niños pequeños, embarazadas, estudiantes, maestras, todos conocidos entre sí, quizás fuera el único pasajero no habitual en toda la formación, hecho que no despierta ninguna curiosidad en mis vecinos, todo transcurre con la naturalidad de entrecasa y es ahí donde se reafirma el carácter social comunitario del tren.
No puedo sacar fotos durante el viaje ya que el convoy tan solo se detiene en cada estación el tiempo necesario para el recambio de pasajeros, así lleno de llantos, cumbias, tetas, secretos, estaciones abandonadas, soja, monte vírgen, saltos, traqueteos y mucho sueño, llego cerca de las 10 a Saenz Peña, punto final para la aventura SOSFE.
El colectivo a Resistencia parte a las 13:00, así que me quedan poco menos de tres horas para recorrer algo de la segunda ciudad más importante del Chaco, ciudad famosa por sus hoteles termales, su reserva animal protegida y por ser punto de inicio de cualquier travesía que avance hacia el noroeste en busca del Impenetrable, sitios que me he prometido visitar cuando se consolide el futuro Parque Nacional La Fidelidad.
Saenz Peña tiene el ritmo de una ciudad grande, muchos autos, gente apurada, una plaza muy concurrida, un pequeño acto político por allí, una larga cola frente al banco por allá, bocinazos, contaminación auditiva, visual y respiratoria, palomas y gorriones, cables y carteles, edificios en altura, caos arquitectónico, hechos en los que no deparaba desde hacía unos días.
La historia que intentaré resumir a continuación habla un poco de la tontera humana, en especial de la mía.
Antes de salir a recorrer algo de la ciudad, recordé que hacía 59 horas que no probaba alimento alguno, producto del fenomenal atracón que me infligí dos días atrás, me cruzo al bar frente de la terminal, tomo un café, devoro muy mal tres medialunas, hablo de la crisis, los hijos y los pajaritos de Roma con la dueña del local, acepto dejar el bolso grande para que no me moleste en la caminata hacia el centro y salgo tranquilo, caminando lento y silbando bajito. Me pierdo en el bullicio central, saco algunas fotos, vuelvo, me despido de la señora muy amable y me dirijo hacia la estación para esperar al micro de La Termal que me depositaría en Resistencia. Chequeo que todo esté en su lugar, una vez, dos veces, tres veces y descubro que no todo estaba como debería ser, ya que faltaba todo el dinero que siempre llevo como respaldo por si algo pasa, y que puede pasar, perder o romper la cámara de fotos, una quebradura, un apendicitis o algo imprevisto que requiera dinero en efectivo.Ay!, que pasó, donde fue, nervios, confusión , instantáneo dolor agudo de panza, recuerdos mal hilvanados y rápida detección de los posibles sospechosos ya que en el único lugar que dejé el bolso y la mochila sin mi atenta mirada fue en la estación de Pinedo, mientras recorría el predio. Los sospechosos, el policía rural, el encargado del edificio, el tío preguntón, alguien que acertó a pasar por el lugar, bueno no había nada por hacer, tan solo llegar al hotel en Resistencia y con tranquilidad vaciar los bolsos ya que seguramente estaría boyando por ahí.
Pasadas las 16:00 ya contaba con todas mis pertenencias sobre la cama y nada, me habían robado, por primera vez en 144 viajes, y a partir de aquí saltó toda la furia etnocentrista que uno tiene contenida durante años de consumo de un discurso que estigmatiza al pobre, al diferente, al marginado, a esa altura no sabía si era yo el me maldecía o era algún adláter mediático del discurso de la mano dura, la criminalización del humilde por serlo nomás o de la vuelta a tiempos en donde nada de esto ocurría. Voy al baño, abro la ducha, me digo que un baño con agua calentita me hará bien, comienzo a guardar las cosas en los lugares habituales, abro el placard, veo las frazadas y, y , y aparece un flash, como esos en donde una persona ve durante un segundo al asesino cometer el crímen, y veo al criminal, lo distingo perfectamente en el preciso momento en que esconde bajo las frazadas del hotel Samay en Colonia Dora los dos paquetitos que contenían el dinero de respaldo, previo a la salida por el camino que rodea al monte en busca del boleto hacia Gancedo. Y aunque todavía algo me hacía dudar, y ese algo era que fuera tan estúpido, o quizás sería la vejez que acecha, o la contaminación mediática, o la psicosis urbana, o el glinfosato.
Llamo al hotel, comunico lo que creo sucedió, y quedan en comunicarse conmigo por sí o por no. Los minutos siguientes fueron eternos y estuvieron cargados nuevamente de maliciosas conjeturas ante una respuesta negativa, total si lo encontraban y me lo negaban que podía hacer yo, joderme por bolú.
Mientras tanto el baño se había llenado de un cálido vapor espeso que tornaba muy agradable el ambiente, eso contradecía diametralmente a mi angustia, comparada con la espera de la nota ante el exámen final, o el resultado de un estudio médico determinante o los segundos en que Luca mi único hijo tardó en salir enterito del cuerpo de su mamá. Dejo sonar el tema musical que sirve de aviso de llamada, mientras me decía, negativo, negativo, "todo negativo"
-Hola
-Hola señor Rodolfo, quédese tranquilo, lo que usted nos manifestó estaba en el lugar y la forma exacta, tuvo mucha suerte porque la habitación se ocupó los dos días restantes y sobre todo no hizo el frío suficiente para que los pasajeros usaran las cobijas en donde había guardado su dinero.
-Silencio, solo silencio...
-Amigo, muchas gracias, yo ahora estoy en Resistencia, luego sigo para Corrientes y el viernes o sábado ando por ahí.
-Venga cuando quiera, y disfrute tranquilo que está todo bien.
-Silencio, solo silencio...
La conclusión aparte de reprocharme mil veces por haber sido tan descuidado, fue lo malo de todo ese juzgamiento previo tan propio de clase que uno lanza al aire sin tener la mínima prueba sobre lo ocurrido, la condena de antemano tan de moda durante los días que corren
Quizás los maltratados por las palabras y el pensamiento nunca se enteren que estuvieron involucrados en los hechos y créanme que me siento todavía muy mal cuando recuerdo toda la catarata de frases hechas sacadas de las crónicas policiales más berretas que inundan las pantallas de los medios dominantes que utilicé para condenar a los posibles autores del hecho. Caí en sus garras, me domesticaron, pero lo sucedido  me devolvió al estado anterior cuando todavía repetía a los cuatro vientos que no todo está perdido.
El sauna me espera, los museos de Resistencia también.
El título del post pertenece a dos estrofas del tema "En el séptimo día" de Soda Stéreo.

martes, 3 de junio de 2014

Entre el meteorito que no ví y el tiempo que aprendí, General Pinedo, Chaco, Argentina

En todo viaje siempre hay transiciones, lugares intermedios que equidistan de los extremos. Los días seis y siete de la travesía surcarán esos lugares. Ya muy lejos de la montaña tucumana y todavía distante del gran río marrón, el oeste chaqueño todavía no se acostumbra a haber perdido sus quebrachales, sus montes, en perjuicio de la soja en manos de pocos.
El día en Colonia Dora arranca demasiado temprano, a las 4:30, hora fatídica en la que ningún circuito cerebral está conectado  y activo, pero el temor a perder el servicio a Gancedo superó al sueño.
El ómnibus aparece pasadas las seis, ni una hora antes, ni tres después, o'clock, como debe ser, y me deposita también en horario al costado de la nacional 89, a la entrada del casco urbano. El primer paso confirmó mi presentimiento, los caminos de tierra deben estar en pésimas condiciones y el ingreso al Piguem N'Onaxa tiene esa materialidad, tierra bien negra, chirle, resbalosa. En la Municipalidad me atienden muy bien, inclusive una funcionaria muy atenta me traslada hasta el punto de inicio del camino, distante dos kilómetros del ingreso a Gancedo, camino unos trescientos metros y desisto de cualquier intento posible, el camino está intransitable hasta para una Caterpillar, y digamos que desde el punto en donde me hallaba, hasta el cráter hay 13 kilómetros. Fin de la cita...
Caminando por la banquina también embarrada, pienso en que podría volver algún sábado de invierno, cuando la lluvia, desmesurada para una región históricamente seca, se halla ido.
No tengo más remedio que avanzar hasta General Pinedo, punto en que abordaré el tren de las 20:46 con destino a Chorotis, a las puertas mismas del abismo más oscuro. Para hacer tiempo desando camino y vuelvo a Quimili, en Santiago del Estero, núcleo urbano de importancia en donde se abastecen las personas de los pequeños y distantes pueblos del noreste santiagueño. Pasadas las 13:00 arranco hacia General Pinedo y ahí sí deberé esperar por lo menos siete horas hasta que llegue mi tren.
Para llegar desde la ruta hasta la estación hay que atravesar toda la ciudad, pasando por un parque y su estanque, los comercios del centro y todo el paseo con esculturas que han construído siguiendo el recorrido de las vías, no nos olvidemos que podemos considerar al Chaco como una gran exposición de esculturas a cielo abierto, comenzando por su capital, Resistencia, y siguiendo por todos los pueblos del interior las obras escultóricas son una constante y el sello distintivo de la Provincia.
La localidad surge como tantas otras a raíz de la llegada del ferrocarril, el mismo vinculaba Añatuya en Santiago con Avia Terai en cercanías de Roque Saenz Peña, corría el año 1912 y el monte era el protagonista principal de la geografía aun vírgen.
Según el censo de 2001, la población urbana alcanzaba los 11500 habitantes, una importante oferta educativa brinda a los jóvenes la posibilidad de cursar estudios terciarios en su ciudad, o próxima a la misma evitando el desarraigo tan temido. En cuanto a la salud cuenta con el Hospital Doctor Isaac Waisman, recientemente inaugurado.
La estación se ubica al final de la ciudad, se encuentra en buen estado de conservación y activa debido al tren diario del SOSFE, que vincula Roque Saenz peña con el fin del mundo y la actividad del Belgrano Cargas sobre todo durante la temporada de cosecha. Cuando arribé pasadas las 16:00, sólo un personal de guardia y un policía rural de custodia eran los únicos habitantes del edificio, a lo lejos una cuadrilla volante terminaba sus tareas, me esperaban tediosas horas por delante, así que me propuse recorrer en detalle el predio, hacer sociales con las personas que se encontraban de guardia y esperar, esperar pacientemente la llegada del misterioso tren.
Es en esas ocasiones cuando el tiempo no pasa, cuando podes mesurar su materialidad, de que está compuesto el tiempo, cual es su sustancia, cuanto vale el hecho de poder tener tiempo para ponerse a pensar sobre el tiempo, esa posibilidad pone en consideración el concepto de libertad, esa circunstancia te convierte en libre para manejar a tu antojo las variables espacio-tiempo.
La charla con el efectivo de la Guardia Rural, resulta muy placentera porque como hijo de Pinedo conoce detalles y anécdotas de los personajes que deambulan por la ciudad y alrededores, el adinerado ermitaño, el genio desquiciado, los secretos del monte más profundo, el que todavía resiste al avance del mar de soja.
Entrada la noche aparece en escena un segundo pasajero, un tío con sus dos pequeños sobrinos en viaje al fin de los tiempos, desde adentro de la oficina sale la noticia que el tren viene atrasado, que las 20:46 son tan solo un estado ideal y que debido a un carguero con prioridad la formación estaría arribando con hora y media, dos de atraso, (si nada malo ocurre), dedos cruzados...
Las 21, 21:30, 22 y cuando cansancio, paciencia, resignación y ansiedad parecían significar lo mismo aparece allá a lo lejos una luz en el camino de hierro, el primero en distinguirla e identificarla fue el pequeño sobrino, un niño de no más de ocho, nueve años, mientras que para ese instante yo tenía la vista clavada en la vía intentando divisar cualquier mínimo haz de luz que significara la palabra tren, caramba, el niño la vió primero, es que hace tanto que no veo un tren con vida...
Pasadas las 22:30 la espera termina y aparece en medio de la noche cerrada la pequeña formación de dos coches del SOSFE, subimos, dentro hay poca gente, el estado de los vagones en malo, no hay vidrio ni asiento sano, me acomodo como puedo y trato de comprender que hago allí. Comienzan a desfilar estaciones a oscuras en donde bajan casi todos los pasajeros, Itín, Hermoso Campo, Zuberbuhler, Venados Grandes, y por último la frontera, Chorotis, son pasadas las 0 hora y comienza la historia del séptimo día, que noche y que día me esperaban... Créanme no los voy a defraudar.