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sábado, 31 de enero de 2015

Los riesgos de ser invisible, Polvorilla, Olacapato y Santa Rosa de los Pastos Grandes, día 6, Salta, Argentina


El programa para ese sexto día incluía una nueva visita al Polvorilla y descubrir como seguía la historia más allá de San Antonio de los Cobres, ya que nunca me había internado por ruta más allá de la ciudad.




Recuerdo haberme despertado bien temprano esa fría mañana con la idea fija de caminar sobre el puente ferroviario ubicado a la salida de San Antonio, se vé que el intenso dolor de cabeza que padecí durante la noche alteró el funcionamiento de las neuronas y así nomás salí rumbo al objetivo. Lo encaré de una, saqué un par de fotos desde la mitad y de repente tomé conciencia que estaba haciendo equilibrio sobre una estrecha cinta de menos de un metro de ancho, los metros restantes fueron interminables porque un arrebato de pánico había ganado la escena.
Volví para el hotel a la espera que me pasaran a buscar con el orgullo de la misión cumplida pero con el consabido reproche de para que arriesgarse.



Era la tercera vez que me encontraba con el gigante escondido, la gran obra maestra de la ingeniería ferroviaria argentina y sin exagerar mundial. El Polvorilla es el viaducto 14 dentro del recorrido de 571 kilómetros que separan Salta de Socompa en la frontera con Chile. Fue construído entre 1930 y 1932 por la empresa italiana Monfalcone con una altura máxima de 63 metros y una longitud total de 223,5 metros.
Desde el nivel de piso se accede al mismo por un zigzag esculpido sobre la cabecera Este y se puede recorrer en su totalidad sin problemas ni sobresaltos.
Recorrerlo en solitario es una experiencia muy conmovedora ya que se puede percibir ese diálogo entre obra y naturaleza.

La próxima parada resulta ser el punto más alto de la nacional 51. Alto Chorrillo trepa hasta los 4540 metros, luego desciende un poco en busca del pueblo consolidado más alto del país, Olacapato.

Olacapato nace en 1941 en torno a la estación del C14, sus habitantes son ocupados por el ferrocarril y la minería, actividades que sufrieron profundas mermas en las décadas del 80 y 90, hoy la industria del bórax y del ácido sulfúrico ocupa a sus pobladores que resisten el aislamiento, la contaminación, la altura y el frío que puede llegar a los cincuenta grados bajo cero.
Olacapato con sus 186 habitantes posee el 0.0006 % de la población total del país, debido a que resulta ser un paraje "muy retirado e inhóspito de la Puna", en setiembre de 2011 se instaló allí una planta productora de ácido sulfúrico. Según el responsable de la empresa Manufacturas de los Andes la misma trabaja sobre el concepto "minería limpia y responsable y tiene toda la papelería en regla contradiciendo al intendente que insiste en que jamás el municipio le otorgó permiso alguno para su radicación. El tema es que la fábrica no pudo instalarse en Campo Quijano por la resistencia de la población y la audiencia pública que se realizó para que vecinos y autoridades pudieran plantear oposición al proyecto se realizó cuando la planta estaba casi concluída, pero bueno, recordemos 186 habitantes, 0.0006 % de la población nacional, 4100 metros de altura, ausencia de transporte público, silencio, invisibilidad...

http://www.noalamina.org/mineria-argentina/salta/item/7355-un-pueblo-en-riesgo-por-el-acido-sulfurico

Unos cuantos kilómetros más adelante aparece el pueblo fantasma de Laguna Seca con su estación de trenes y unas cuantas casitas que quedaron en el olvido cuando en 1985 se levantó el servicio de pasajeros del C14.

La soledad de Salar de Pocitos

Caucharí y Salar de Pocitos son los últimos pueblos que tocamos en nuestra marcha hacia el Oeste, el retorno será no por la 51 sino por Santa Rosa de los Pastos Grandes, otro pueblo minúsculo con un nombre genial.
Conductor, guía y aprendiz

La provincial 129, una huella a veces imperceptible se pierde entre salares y montañas rojizas, trepa hasta el cielo en el Abra del Gallo y se viste de verde cuando el agua de las vegas se hace presente.


El pueblo de Santa Rosa se ubica a 4200 metros, sobre una vega surcada por el río Pastos Grandes que desemboca en el salar homónimo. La economía del lugar se caracteriza por el pastoreo de rebaños de llamas, la producción de pequeñas cantidades de habas y alfalfa y recientemente por explotaciones mineras de bórax y litio que desembarcaron en los salares cercanos.



El volcán Quevar con sus 6200 metros se encarga de la eterna custodia de los 136 habitantes que viven y sobreviven en este enclave extremo de la puna salteña.
La historia grande cuenta que inicialmente fue asentamiento de la cultura Atacama, que en 1475 el imperio Inca ocupa el lugar, construyendo un santuario y lugar de sacrificio de vírgenes en la cima del Quevar, hasta el 1535, fecha en que la conquista española ocupa el territorio.
En 1900 Santa Rosa fue designada capital del Departamento de los Pastos Grandes perteneciente a la Gobernación de los Andes, estatus que mantuvo hasta 1943 cuando tal gobernación desaparece pasando a integrar la Provincia de Salta, dentro del Departamento Los Andes.

Abra del Gallo
La jornada concluyó con un rico cabrito a la parrilla en casa de mis nuevos amigos cobrenses, quienes volverán a tener activa participación en la aventura programada para el día 7, cuando por fin pude pisar el suelo al borde del cielo.

domingo, 25 de enero de 2015

Siempre es bueno volver a Salta, El Toro, Chorrillos, Tastil y San Antonio de los Cobres, día 5, Salta, Argentina

Siempre está bueno volver a Salta, pisar sus calles, caminar por el mercado, comer empanadas, hablar con la gente, y durante este viaje esas sensaciones se volvieron a manifestar aunque haya sido muy corto el tiempo que permanecí en su capital, tiempo necesario para armar la continuidad de la travesía.
A media mañana de ese quinto día partí para San Antonio de los Cobres ascendiendo por la ruta 51. La primera parada obligada la constituye el Viaducto El Toro, una aproximación a ese gigante llamado Polvorilla, acoto que será la primera vez que transito por este camino en auto, con la posibilidad de paradas intermedias ya que con anterioridad había recorrido la zona en tren y en colectivo de línea.
La quebrada y el viaducto El Toro ofrecen vistas muy potentes, caminar sobre el mismo también genera sensaciones muy fuertes sobre todo si un viento considerable cruza la quebrada. Parado a mitad de camino y con la vista al frente pareciera que estás en el aire, sobrevolando un cauce muy ancho surcado por unas cuantas venas de agua amarronada, la experiencia genera una pequeña dosis de adrenalina que inunda de vida tu torrente sanguíneo.
La 51 comienza su ascenso entre montañas muy verdes que poco a poco comenzarán a despojarse para dar paso al paisaje de altura que marca el inicio de la Puna salteña, mientras tanto uno no para de sorprenderse con la ingeniería del C14 y de maravillarse con los pequeños caseríos que se van sucediendo a lo largo de ese camino entre valles.
La capilla de Chorrillos
La tercer parada obligada la hacemos en Santa Rosa de Tastil. Tastil fue la ciudad precolombina más grande del actual territorio argentino, se ubica a 3200 metros sobre el nivel del mar y se estima que para mediados del 1400, en su momento de mayor esplendor, la habitaban unas 3000 personas de la cultura Atacama.
Su nombre procede de la unión de dos palabras quechuas "taski", doncella vírgen e "illay", resplandeciente, resultando Taskill o Tastil, doncella resplandeciente.
Las ruinas fueron descubiertas por el sueco Eric Boman en 1903 y en 1967, un equipo de trabajo de la Universidad Nacional de La Plata las reconstruyó parcialmente.
Fue ocupada por miembros de la cultura Atacama que tuvo su orígen sobre el Pacífico, era un centro de organización, distribución e intercambio de los productos que se extraían en toda la región.
El sitio contaba con núcleos habitacionales, cementerio, calles sobreelevadas que conducían a espacios públicos o comunes como lugares de molienda de maíz y quinoa, corrales de llamas y plazas. Precisamente en la plaza principal se encontraba la piedra ceremonial o wanka donde se realizaban las prácticas ceremoniales.
Nótese la estratégica ubicación del pueblo, en un lugar sobreelevado dominando la entrada al valle, con magníficas visuales que daban el tiempo necesario para preparar una defensa en caso de un posible ataque.
Pero pese a su esplendorosa situación, a su condición de centro económico y cultural, Tastil fue abandonada cuando estaba en la cúspide de su prosperidad.
La ciudad quedó desierta entre los años 1439 y 1442. A pesar que arqueólogos, antropólogos e historiadores no se ponen de total acuerdo, la versión más consolidada refiere a que Tastil fue abandonada debido a la invasión Inca que se realizó durante el momento de mayor apogeo de la cultura Atacama. Se considera que dicho abandono no fue voluntario sino que éstos fueron reducidos en "mitimaes", es decir fueron desarraigados y conducidos a otros lugares según la conveniencia referida a la explotación territorial de la cultura invasora.
Por un momento imagínense un edificio de tres pisos, bueno ese cactus mide 10 metros o sea la altura de ese edificio. Otro motivo más para maravillarse con la geografía de Tastil.
Para cerrar el capítulo debo decir que fueron contabilizados 1160 recintos de piedra, distribuidos en las 12 hectáreas que conforman el sitio, que fue declarado MHN en diciembre de 1997.
Abajo en el pequeño pueblo se ubica el Museo Moisés Serpa y la capilla que venera a Santa Rosa de Lima.
El camino trepa hasta los 4085 metros, alcanzando su máxima altura, para luego descender al momento del arribo a San Antonio de los Cobres, ciudad que se convirtió en puerta de entrada a la Puna salteña, pero que fue perdiendo encanto a medida que fue ganando en servicios y población, hoy ese encanto todavía se puede visualizar en pueblos pequeños como Tolar Grande y Santa Catalina, que corren serios riesgos si aumenta la demanda turística y no se controla el crecimiento responsable siguiendo patrones culturales.



Me alojé y establecí contacto con quienes me conducirían durante las dos jornadas siguientes. Una de esas personas fue un trabajador minero, ahora desocupado de esa actividad que se ganaba la vida conduciendo un transporte público y elaborando junto a su familia hermosas tallas en piedra. Gracias a eso pude recorrer las canteras en donde extrae las pequeñas porciones de material, pudiendo colaborar en la búsqueda del mismo.


Por la noche una cena muy liviana y el padecimiento casi obligado del mal de altura, la señal que nos manda la Pacha para que tomemos conciencia que sobre esos territorios ella es la que ordena. Té de coca, coca, ibuprofeno y varias horas de insomnio hasta que todo se normaliza y el cuerpo se adapta a la presión y al ritmo que la Tierra impone.