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jueves, 16 de agosto de 2012

La tarde del cuarto día, golpeando las puertas del salar. Camino a Uyuni, Bolivia

El sitio elegido para el almuerzo del cuarto día era un roquerío, parecido a esos que podemos encontrar en la Provincia de Córdoba. Pocos minutos pasaron hasta que empezaran a salir entre los recovecos decenas de vizcachas, curiosas en un primer momento, activas a la hora de manifestar por comida un segundo después, resultado, un magnífico trabajo de actuación de esos roedores con gestos que nos emparentan.
Seguimos, bordeamos el volcán Ollagüe, activo, altivo, el pueblo semi abandonado de Chiguara, el enorme salar del mismo nombre, la comunidad de San Juan, pintoresca e injustamente no fotografiada por este viajero, hasta que a lo lejos se divisa Puerto Chubica una de las puertas del salar.
El hotel que nos acogerá es de sal, como corresponde, paredes de sal, piso de sal, camas de sal, locura total!!!, el guía me lleva hasta la población, terrible sitio recostado sobre ese profundo manto blanco que se erige a sus pies.Capilla, casas, plaza, silencios, profundidades. La última cena con vino boliviano, el cansancio, el exceso de comida, la excitación, la angustia del final, la ansiedad del destino buscado, la vuelta, el deseo de no querer partir, todo contribuye a una mala noche..., una mala noche a las puertas del salar, impensada pero real.

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