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domingo, 29 de noviembre de 2015

Entre el Cielo y la Luna, Chacaltaya/El Valle de Neil, Estado Plurinacional de Bolivia, día 5


Bonjour, guten tag, como verán dejamos el chino y saludamos en francés y alemán; ay! Encuentro como te extraño. Ahora sí día 5 en marcha, otro buen desayuno y a esperar la combi que me llevará a las puertas del cielo. La excursión está tercerizada o sea que no iré con Alex, Aldo y Oscar, esperemos que no se trate de un grupo muy grande porque soy un poco reacio a esas condiciones.
Bien, por suerte somos pocos, Paul/Pablo/Pablito, el guía, Lucas un jóven brasilero y el único sudamericano (no boliviano) que encontré durante los trece días que estuve en éste hermoso País, una pareja neozelandesa y Fréderick, oriundo de Melmak Septentrional.
Hoy el tráfico se complica en La Paz debido a una maratón que se lleva a cabo por las calles centrales, de todas maneras por ser domingo el tránsito no es para nada intenso y podemos dejar la ciudad normalmente.
Ya en las afueras, el camino comienza a trepar hasta alcanzar los poco menos de 5300 metros, base de la pista de esquí que trepa hasta los 5395 metros. Los paisajes son descomunales y brillan en todo su esplendor las grandes montañas de la Cordillera Real como el Huayna Potosí, el mismísimo Chacaltaya, el Mururata y el Illimani



Luego de ésta pequeña parada comienza el verdadero camino de aventura, una senda muy angosta con fuertes precipicios, mucha piedra suelta, pero con muy poca nieve, hecho que genera tranquilidad, a pesar que vamos en una vieja combi china, aparentemente amaestrada para tal desafío.


Aquí podemos ver como trepa el camino que en algún momento pareciera ir por encima de la base de la pista. El viento frío se apodera de la escena, pero igual el sol presente calienta bastante cuando encontrás algún reparo.

La base y el camino de lajas e hielo que te conducen hasta los 5395 metros.

La trepada no genera grandes riesgos, más allá de la altura extrema, la bajada es mucho más peligrosa por el hielo altamente resbaladizo que hace que no puedas hacer pié y tengas todas las chances de rodar como un barril hasta llegar a Santiago del Estero.


Demás está decir que Chacaltaya fue la pista de ski más alta del mundo, desgraciadamente el glaciar en donde se asentaba dicha pista se quedó sin nieve debido al calentamiento global y el complejo quedó abandonado a partir del 2005.
De las instalaciones solo queda el chalet del Club Andino Boliviano fundado en 1939. Otra curiosidad fue el remonte utilizado a partir de 1943 para que los esquiadores llegaran a la cima, el mismo consistía en un viejo camión militar Ford ubicado en la base, el operador se sentaba al volante y oprimía el acelerador, el motor entonces arrastraba un cable que se deslizaba por un sistema de poleas y así ponía en marcha el remonte mecánico.




Sin duda alguna para cualquier lugar que gires tu cabeza te conectará con un paisaje espectacular, tanto en formas como en colores con ese contraste tan marcado entre los marrones, la nieve y ese cielo tan azul.


Emprendemos el descenso y vamos a la búsqueda de la segunda parte del tur, el Valle de La Luna, para llegar hasta él hay que cruzar toda la ciudad de La Paz, con parte de El Alto incluído, los pasajeros se quedan dormidos, el guía no dice palabra alguna, hasta ahora no nos convidaron ni con una pequeña taza de café y la vieja combi china comienza a destruir mis riñones.
Aclaro que hay muy pocos mayoristas que hacen la excursión, quizás por falta de pasajeros, de ahí calculo la escasa onda que le imprimen al mismo, pero por suerte los paisajes, los 5395 metros y la rareza del lugar hacia donde nos dirigimos le ganan por goleada a la muy poca predisposición del guía para calentar al grupo que duerme placenteramente.


Aunque parezca algo bizarro, fue el mismísimo Neil Armstrong quién bautizó al lugar con ese nombre. Fue durante una visita a la ciudad de La Paz en 1969 y previo a jugar un partido de golf en un campo lindante a las formaciones. Desde el mismo comprobó las similitudes entre los paisajes selenitas que acababa de recorrer y sugirió el nombre que finalmente designaría al conjunto pétreo.





Todo el recorrido se hace sobre pasarelas seguras, la caminata pausada dura algo menos de 1 hora y si andan con muchas ganas de tomar fotografías pueden desplegar toda su creatividad descubriendo formas ocultas. Al sitio se puede llegar con un bus turístico que visita el Valle y la acomodada zona de Irpawi, o bién con la línea 11 del transporte público, a pié significa caminar más de 10 kilómetros desde el centro de La Paz.



No está permitido salirse de las pasarelas, hay un par de puntos panorámicos cubiertos y con asientos para descansar durante la caminata y es muy conveniente sobre todo en verano llevar agua fresca porque el calor es muy intenso.


La morfología del lugar se asemeja a nuestro Parque Provincial Ichigualasto y las paredes rojizas de atrás nos podrían remitir lejanamente a Talampaya.



Fin de la excursión, son las tres de la tarde y retomamos viaje hacia nuestros hoteles, solos con el chofer porque el guía nos abandonó aduciendo que se iba a un cumpleaños...
Como un sándwich con una cerveza, estaba con hambre y sobre todo con sed y dedico el resto de la tarde a recorrer pausadamente la zona de Plaza Murillo, sus librerías, sus disquerías y algún que otro bar para despuntar el vicio por la exquisita Huari de Oruro.
Ya en el hotel, arreglo los términos para la excursión de dos días que comienza mañana y sobre la que tengo cargadas expectativas por tratarse de un lugar muy poco conocido, baño, cena de spaghetti con bolognesa de llama, cerveza artesanal de coca, notas y una nueva pelea con la TV por cable, el menú de hoy incluye a los dos canales chinos en chino, al ruso, al cubano, al de asesinatos, a Fox Sports y a uno de algún país de orígen musulmán. Las pastillas del abuelo para intentar dormir hacen efecto por primera vez y paso la mejor noche desde que llegué a Bolivia.


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