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lunes, 12 de enero de 2015

Las capillas de la Puna, Tambillos, Tusaquilla, San Francisco de Alfarcito, Rinconadillas y Susques, día 2, Jujuy, Argentina

La segunda jornada estará dedicada a descubrir un puñado de hermosas capillas puneñas. Releyendo las notas de viaje veo que estamos en octubre 13 y si mal no recuerdo ese es mi día de cumpleaños, o sea que mi aniversario 48 lo pasaré en la soledad de la siberia argentina.
Partimos desde Abra Pampa por la provincial 11 con rumbo SO, visualizamos a lo lejos al pequeño caserío de Miraflores para luego entrar en Tambillos, otra población muy pequeña en donde se destacan un monumento a la llama en medio de una desolación que apabulla y la capilla de factura reciente.


Seguimos rumbo al S por la polvorienta 11, dejamos atrás otro enclave diminuto recostado sobre las montañas, Santa Ana,  para luego dar con la primera sorpresa del día, Tusaquilla con su iglesia de Nuestra Señora de los Milagros como punto dominante de la traza urbana.



Recuerdo la impresión que me causó el edificio, desproporcionado para la escala del caserío y por sobre todo el hecho de estar como apoyado en el terreno, sin raíces, sin límites, sin cambio de piso, como una maqueta de presentación para un tema proyectual. Otra imágen que suena recurrente en la memoria tiene que ver con el tono monocromático, las casas, las calles, las montañas, el fondo seco de la laguna de Guayatayoc, todo tiene un tono amarronado que contrasta únicamente con esos cielos profundamente azules que suelen inundar la Puna.
San Francisco de Alfarcito, a 96 kilómetros de Abra Pampa será la próxima parada.


El comité de bienvenida indicaba que el pueblo de San Francisco de Alfarcito estaba de festejo, así lo indicaban las banderas, globos y guirnaldas que engalanaban el camino de entrada, el inusual movimiento de vehículos y la gran cantidad de changos más que alegres prestos al convite de un buen tetra bien natural como Dios manda. Ante el desprecio que hubiera significado rehusar el convite no me quedó más que tomarme el contenido de casi una caja, por suerte sin resultados adversos. Habiendo obtenido la aprobación de los presentes me dediqué a recorrer la capilla, el cementerio y la zona del río con su muy tupida arboleda.


Una constante, las capillas cerradas y a veces conseguir las llaves de las mismas resulta todo un problema por múltiples factores, sobre todo si los tiempos de viaje están tan ajustados.
Los próximos kilómetros se realizan por el lecho seco de la laguna, la ruta se hace difusa, tanto que en tramos pasa a tener 20 kilómetros de ancho.


Rinconadillas será el último pueblo sobre la provincial 11 antes de alcanzar la nacional 52 al O de las Salinas Grandes.

Otra hermoso edificio, indudablemente entre los pueblos de la 11 debe haber alguna competencia para ver quién tiene la mejor capilla, porque realmente las tres principales son formalmente muy atractivas.
Aquí también como me sucedió en varias locaciones por el norte profundo me invitaron a ir al colegio para contarles a los chicos como era mi ciudad, que buscaba en la suya, como veía el pueblo, desgraciadamente aquí si tuve que rechazar la propuesta porque quién me transportaba tenía compromisos por la tarde, pero bien vale la reflexión sobre como nos ven quienes viven en estos lugares apartados y que buscamos nosotros yendo a esos lugares, sobre el tema se ha dicho y escrito demasiado y siempre con una visión un tanto etnocentristra, un tanto dominante, producto de una historia oficial que respalda nuestra cosmovisión como la única posible, de ahí que nos cueste entender por ejemplo que un cacique nos imponga condiciones para fotografiar la comunidad, sus montañas, su gente, sus casas, esa forma de actuar no es entendible desde nuestra visión, ahora bien, somos visitantes, somos ajenos en una cultura diferente y somos nosotros quienes tenemos que adecuarnos a sus pautas culturales.
Pasadas las 12.00 tomamos la nacional 52 rumbo a Susques, sería mi primer contacto formal con la perla del Oeste.

La historia haría que dos veces más pudiera fotografiar la bella iglesia de Nuestra Señora de Belén (MHN), como transitar sus callecitas, su cementerio y sus montañas de fondo.
Almorzamos con Hugo en el San Isidro, comedor local en donde sirven generosas porciones, fideos con estofado dicen las notas que leo y releo en busca de alguna vivencia perdida. Un descanso previo a la partida y la vuelta por la ex ruta 40, actual provincial 79 por el pueblito de Abralaite.
Para las 17.00 estábamos de vuelta en Abra Pampa, para esa altura del día quizás no recordara que en tres horas más sería un año más viejo, seguramente las imágenes de las capillas, el monocromo de la Puna, las charlas con los miembros de la comunidad, los fideos y el tetra molto caldo ocupaban la totalidad de los pensamientos, es que viajando te convertís en otros, tu centro se desplaza a la tierra, a su gente, a sus historias, haciendo a un lado todas las falsas certezas que te brinda el aislamiento urbano.


Pollo y ensalada para la cena, mañana será el momento de adentrarse un poco en el lejano oeste, ese que me depararía tantas satisfacciones en viajes posteriores. Ahora tan solo queda agradecer e ir a descansar.


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