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sábado, 7 de junio de 2014

Solo Dios sabe que es el séptimo día, el abismo y la luna en el séptimo día, Chorotis-Resistencia, Chaco, Argentina

Bajo del tren junto con otras veinte personas que rápidamente se funden a negro, devoradas por la noche sin estrellas ni luna, quedo solo en medio de la calle que encierra a la estación y vuelvo sobre mis pasos hasta el edificio principal, en donde el personal del tren pasaría las tres horas restantes hasta que comience nuevamente el operativo regreso. Saco algunas tomas malas al tren que quedó completamente solo en la vía secundaria, la principal continúa su viaje a la Provincia de Santa Fe distante pocos kilómetros de Chorotis, camino por la escueta parte iluminada que se extiende fuera del edificio y me siento a esperar las 3:26, hora señala para la vuelta hacia Roque Saenz Peña.
Pocos minutos me bastaron para tomar conciencia que me hallaba rodeado de cientos, miles de insectos, algunos de ellos totalmente desconocidos para un homourbanus, cucarachas, grillos suicidas, sí aquellos que golpeaban mi puerta en el hotel de Colonia Dora, pequeñas ranitas transparentes de 2 centímetros de largo y unos terribles monstruos voladores del tamaño de un B52 en vuelo rasante que se estrellaban contra el piso haciendo tanto ruido como podría hacer una piedra mediana arrojada con fuerza, veamos me dije, y ahora qué. Me paré y busqué resguardo bajo el techo de la estación, establecí una zona de exclusión de metro y medio alrededor mío y apunté toda la artillería a cualquier intruso que osara trasponer la línea imaginaria.
Las restantes 2 y media horas fueron lo más patético y bizarro que me ocurrió en las últimas travesías, mientras seguía con la mirada atenta la trayectoria de los grillos, era atacado por esas especies de empanadas voladoras que todavía estarán comentando entre ellas el susto que le propinaron al gordito.
El gran Julio, me dijo que tal vez se tratara de alguna mutación provocada por el glinfosato, y no suena descabellado si nos atendemos a la filmografía de ciencia ficción clase Z que nos habla de horribles mutaciones en las especies animales y humanas sometidas a químicos, y son esos químicos prohibidos en el norte los que perfuman el aire de nuestros campos.
A las tres en punto comenzaron a sonar alarmas y despertadores dentro del edificio estación señal que el personal se ponía en marcha y con él la prosecución del viaje.
Chorotis se desarrolla con la llegada del tren en 1937, según el Censo 2010, cuenta con 941 habitantes, cifra que representa un incremento poblacional del 104% respecto con la medición del 2001. No tiene acceso pavimentado, hecho que reafirma la importancia del tren para la movilidad de su gente.
Comenzamos puntualmente el viaje de regreso, salimos del fin del mundo tan solo tres personas, el valor del pasaje hasta Peña es de $ 16, la distancia a cubrir 185 kilómetros, el tiempo 6 horas (si todo marcha sobre rieles...). A medida que avanzamos el tren comienza a poblarse principalmente de madres con niños pequeños, embarazadas, estudiantes, maestras, todos conocidos entre sí, quizás fuera el único pasajero no habitual en toda la formación, hecho que no despierta ninguna curiosidad en mis vecinos, todo transcurre con la naturalidad de entrecasa y es ahí donde se reafirma el carácter social comunitario del tren.
No puedo sacar fotos durante el viaje ya que el convoy tan solo se detiene en cada estación el tiempo necesario para el recambio de pasajeros, así lleno de llantos, cumbias, tetas, secretos, estaciones abandonadas, soja, monte vírgen, saltos, traqueteos y mucho sueño, llego cerca de las 10 a Saenz Peña, punto final para la aventura SOSFE.
El colectivo a Resistencia parte a las 13:00, así que me quedan poco menos de tres horas para recorrer algo de la segunda ciudad más importante del Chaco, ciudad famosa por sus hoteles termales, su reserva animal protegida y por ser punto de inicio de cualquier travesía que avance hacia el noroeste en busca del Impenetrable, sitios que me he prometido visitar cuando se consolide el futuro Parque Nacional La Fidelidad.
Saenz Peña tiene el ritmo de una ciudad grande, muchos autos, gente apurada, una plaza muy concurrida, un pequeño acto político por allí, una larga cola frente al banco por allá, bocinazos, contaminación auditiva, visual y respiratoria, palomas y gorriones, cables y carteles, edificios en altura, caos arquitectónico, hechos en los que no deparaba desde hacía unos días.
La historia que intentaré resumir a continuación habla un poco de la tontera humana, en especial de la mía.
Antes de salir a recorrer algo de la ciudad, recordé que hacía 59 horas que no probaba alimento alguno, producto del fenomenal atracón que me infligí dos días atrás, me cruzo al bar frente de la terminal, tomo un café, devoro muy mal tres medialunas, hablo de la crisis, los hijos y los pajaritos de Roma con la dueña del local, acepto dejar el bolso grande para que no me moleste en la caminata hacia el centro y salgo tranquilo, caminando lento y silbando bajito. Me pierdo en el bullicio central, saco algunas fotos, vuelvo, me despido de la señora muy amable y me dirijo hacia la estación para esperar al micro de La Termal que me depositaría en Resistencia. Chequeo que todo esté en su lugar, una vez, dos veces, tres veces y descubro que no todo estaba como debería ser, ya que faltaba todo el dinero que siempre llevo como respaldo por si algo pasa, y que puede pasar, perder o romper la cámara de fotos, una quebradura, un apendicitis o algo imprevisto que requiera dinero en efectivo.Ay!, que pasó, donde fue, nervios, confusión , instantáneo dolor agudo de panza, recuerdos mal hilvanados y rápida detección de los posibles sospechosos ya que en el único lugar que dejé el bolso y la mochila sin mi atenta mirada fue en la estación de Pinedo, mientras recorría el predio. Los sospechosos, el policía rural, el encargado del edificio, el tío preguntón, alguien que acertó a pasar por el lugar, bueno no había nada por hacer, tan solo llegar al hotel en Resistencia y con tranquilidad vaciar los bolsos ya que seguramente estaría boyando por ahí.
Pasadas las 16:00 ya contaba con todas mis pertenencias sobre la cama y nada, me habían robado, por primera vez en 144 viajes, y a partir de aquí saltó toda la furia etnocentrista que uno tiene contenida durante años de consumo de un discurso que estigmatiza al pobre, al diferente, al marginado, a esa altura no sabía si era yo el me maldecía o era algún adláter mediático del discurso de la mano dura, la criminalización del humilde por serlo nomás o de la vuelta a tiempos en donde nada de esto ocurría. Voy al baño, abro la ducha, me digo que un baño con agua calentita me hará bien, comienzo a guardar las cosas en los lugares habituales, abro el placard, veo las frazadas y, y , y aparece un flash, como esos en donde una persona ve durante un segundo al asesino cometer el crímen, y veo al criminal, lo distingo perfectamente en el preciso momento en que esconde bajo las frazadas del hotel Samay en Colonia Dora los dos paquetitos que contenían el dinero de respaldo, previo a la salida por el camino que rodea al monte en busca del boleto hacia Gancedo. Y aunque todavía algo me hacía dudar, y ese algo era que fuera tan estúpido, o quizás sería la vejez que acecha, o la contaminación mediática, o la psicosis urbana, o el glinfosato.
Llamo al hotel, comunico lo que creo sucedió, y quedan en comunicarse conmigo por sí o por no. Los minutos siguientes fueron eternos y estuvieron cargados nuevamente de maliciosas conjeturas ante una respuesta negativa, total si lo encontraban y me lo negaban que podía hacer yo, joderme por bolú.
Mientras tanto el baño se había llenado de un cálido vapor espeso que tornaba muy agradable el ambiente, eso contradecía diametralmente a mi angustia, comparada con la espera de la nota ante el exámen final, o el resultado de un estudio médico determinante o los segundos en que Luca mi único hijo tardó en salir enterito del cuerpo de su mamá. Dejo sonar el tema musical que sirve de aviso de llamada, mientras me decía, negativo, negativo, "todo negativo"
-Hola
-Hola señor Rodolfo, quédese tranquilo, lo que usted nos manifestó estaba en el lugar y la forma exacta, tuvo mucha suerte porque la habitación se ocupó los dos días restantes y sobre todo no hizo el frío suficiente para que los pasajeros usaran las cobijas en donde había guardado su dinero.
-Silencio, solo silencio...
-Amigo, muchas gracias, yo ahora estoy en Resistencia, luego sigo para Corrientes y el viernes o sábado ando por ahí.
-Venga cuando quiera, y disfrute tranquilo que está todo bien.
-Silencio, solo silencio...
La conclusión aparte de reprocharme mil veces por haber sido tan descuidado, fue lo malo de todo ese juzgamiento previo tan propio de clase que uno lanza al aire sin tener la mínima prueba sobre lo ocurrido, la condena de antemano tan de moda durante los días que corren
Quizás los maltratados por las palabras y el pensamiento nunca se enteren que estuvieron involucrados en los hechos y créanme que me siento todavía muy mal cuando recuerdo toda la catarata de frases hechas sacadas de las crónicas policiales más berretas que inundan las pantallas de los medios dominantes que utilicé para condenar a los posibles autores del hecho. Caí en sus garras, me domesticaron, pero lo sucedido  me devolvió al estado anterior cuando todavía repetía a los cuatro vientos que no todo está perdido.
El sauna me espera, los museos de Resistencia también.
El título del post pertenece a dos estrofas del tema "En el séptimo día" de Soda Stéreo.

2 comentarios:

  1. Interesante visión de mi provincia y, en particular, de mi pueblo. Aunque, al mismo tiempo, parece una postal muy triste.

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  2. Tu Provincia es una gran Provincia en donde por ejemplo encontrás arte a la vuelta de cualquier esquina, o gente que trabaja y muy bien en el rescate de las culturas originarias, la anécdota de los insectos gigantes tiene que ver con fobias personales que realmente no creía poder superar, ahora después de haber pasado todo ese tiempo a merced de ellos sin haber entrado en pánico habla que la energía del lugar y la poética de ese tren solitario devorado por la noche pudieron más que cien grillos kamikazes.
    Gracias por el comentario y si el tiempo lo permite tengo pensado un par de aventuras más por tu Chaco.
    Saludos!

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