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sábado, 27 de diciembre de 2014

El Cono de Arita, los chicos de Antofalla, la pile del maestro y los colores santos, día 4, Salta-Catamarca, Argentina

Cuarto día en el aire, el plan consistía en salir bien temprano, alcanzar el Cono de Arita antes que saliera el sol, llegar a Antofalla cerca del mediodía para terminar en El Peñón (Catamarca) cuando Dios quiera, ya que deberíamos sortear una serie de huellas sin nomenclar que fácilmente pueden resultar verdaderas trampas, no hay que olvidarse que no funcionan los celulares y que las temperaturas por la noche descienden hasta los 10º bajo cero (en verano), sufrir un percance en una huella interior es problema serio asegurado.
Antes de proseguir hago un raconto del itinerario realizado hasta ahora con el mapa de la puna salteña en mano.

Arrancamos en Purmamarca (Jujuy), Barrancas, San Antonio de los Cobres, La Polvorilla, Susques, Catua (arriba a la izquierda en el mapa), Caucharí, Pocitos, Tolar Grande, La Casualidad, Mina Julia, Salar de Llullaillaco, Estación Quebrada del Agua, Caipe, Tolar. Hoy haremos Cono de Arita, Antofalla y ahí se acaban los mapas, dejo como referencia un mapa vial de Catamarca para que observen como toda la Puna, al O de la ruta provincial 43 permanece sin traza alguna, para Catamarca ahí no hay nada, y en cierta parte tienen razón.
Ingresaremos a la Provincia bordeando el Cerro Archibarca, tocaremos Antofalla para dirigirnos hacia el SE rumbo a Antofagasta de la Sierra y desde allí hasta El Peñón, punto de partida de las dos travesías más espectaculares que posee Catamarca, pero para ello hay que acertar con los caminos ya que el GPS no sabe, no contesta o repite a lo tonto el "recalculando"

El salar de Arizaro tiene una superficie de 1600 kilómetros cuadrados, se lo distingue por ese tono rojizo que nos devuelve su piso y esa planicie casi perfecta interrumpida tan solo por ese extraño monumento natural denominado Cono de Arita.


Una recomendación, el Cono se ubica hacia el E del camino, viniendo desde Tolar, por lo tanto para poder apreciar sus tonos rojizos la mejor hora para visitarlo es por la tarde, tarde, cuando el sol se encuentra a baja altura y pega directo sobre su humanidad, por la mañana antes del ascenso, la visión en nítida pero la cara se encuentra en sombra y cuando febo asoma ocurre lo siguiente.
No hace faltan más consideraciones, de cualquier manera su visión es tan enigmática que cualquier hecho climático va a interactuar de una manera diferente y simbólica con él.
La magia que irradia tiene que ver con ese cono perfecto y la soledad absoluta que lo convierte en el actor principal de toda la película. Recuerdo que cuando lo dejamos atrás lo seguía monitoreando por el espejo y me daba vueltas a cada instante como para asegurarme que todavía nos seguía con su mirada invisible.
Para asegurar el camino nos dirigimos hacia la Minera Arita para averiguar sobre como proseguía la huella hacia Antofalla.
Hasta en blanco y negro sobresale
La mina fue un importante yacimiento de piedra ónix, hoy sigue activa pero ya sin la importancia socioeconómica que brindaba a la región cuando mantenía activa a la comunidad de Tolar Grande, para destacar, el sonido del viento intentando hacer volar a la bandera que resistía como podía el embate del amo indiscutido de toda la Puna.
Los siguientes kilómetros nos encontraran transitando los alrededores del Cerro Archibarca, el Campo Amarillo, la Colada del Archibarca, el límite Salta-Catamarca, el Volcán Antofalla, y la maravillosa vista del Salar de Antofalla, son las 9:00 y el GPS indica 3480 metros.
A las 9:45 entramos a la Provincia de Catamarca, la medición de altura indica 3960 metros y en ascenso, el camino estaba en buenas condiciones pero sin información alguna sobre distancias, nombres o números y por supuesto ningún rastro humano durante todo el trayecto.
El suelo volcánico habla de un pasado turbulento, toda la geografía actual de la Puna está moldeada por la actividad volcánica.
Los paisajes nunca dejan de sorprender y aunque a veces parecieran reiterativos siempre algún matiz lo torna único. por fín para las 11:00 arribamos a Antofalla, palabra que deriva de la lengua nativa Kunza y que significa "pueblo donde muere el sol". El pueblo cuanta desde hace diez años con 45 habitantes que conforman la Comunidad Aborigen Kolla Atacameña de Antofalla.
En setiembre de 2009 la Cámara de Senadores reconoció por Ley a los pobladores del pueblo como pertenecientes a una Comunidad Aborigen, el hecho implica que podrán ejercer plena y libremente su derecho a practicar, enseñar y revitalizar sus tradiciones y costumbres. De acuerdo con la nueva norma toda acción o intervención por parte de los estados provincial o nacional o de terceros que afecte su patrimonio cultural y los recursos naturales localizados en su territorio deberá contar con el consentimiento previo de la citada Comunidad.
El ejecutivo provincial, tras reglamentar la ley, debe arbitrar los mecanismos necesarios para que la Comunidad tenga la posibilidad de mantener y desarrollar sus instituciones que les aseguren el disfrute de sus "propios" modos de convivencia y medios de subsistencia.
Significa que toda intervención del estado tiene que ir dirigida a preservar y reforzar la identidad étnica de la Comunidad.
La bienvenida fue muy calurosa ya que David tiene parientes en Antofalla, primero pasamos por la escuela 116 en donde tuve que improvisar unas breves palabras para contar que me provocaba estar en el pueblo, luego visitamos al Cacique, a los referentes de la Comunidad y por supuesto fue muy interesante responder a todas las preguntas de todos los chicos que siempre ven en el recién llegado a alguien diferente.
A la hora del almuerzo nos agasajaron con un exquisito cordero con verduras recién cortadas preparadas en riquísimas ensaladas, un poco de vino y mucha, mucha buena onda. Luego vendría la experiencia de cosechar habas junto a una vega a las afueras del pueblo, la caminata en compañía de los chicos que no paraban de contar, preguntar y responder, porque la relación fue muy productiva para todos, todos aprendimos algo del otro y de eso se trata el intercambio cultural, uno ser parte del otro.
Para las 14:00 nos despedimos de casi toda la comunidad que nos deseaba buen viaje, por delante se abría un camino incierto ya que David me propuso no tomar la variante lógica y directa hacia Antofagasta por la Sierra por Los Colorados y Calalaste, si no ir primero a la Vega de Botijuela, luego a Las Quínuas para así atravesar transversalmente el Salar de Antofalla en dirección E buscando la Quebrada del Diablo que nos depositaría entrada la noche primero en Antofagasta y luego ya por la provincial 43 en El Peñón, punto final para el día 4 de la aventura.
Tomamos un camino que bordea la margen O del Salar de Antofalla por Vega Las Cuevas, el camino durante un trayecto parece una traza normal y de repente se convierte en lo que muestran las dos últimas tomas, nada, no hay mas camino, un barreal en parte pegajoso en parte seco con profundas huellas de algún vehículo pesado perteneciente a alguna explotación minera.
El paisaje cambia, el camino cambia, los colores cambian, toda esta porción de mundo está virgen, sacando huellas en la traza no hay rastros de intervención humana, no hay carteles, casas, antenas, cables, solo piedras, sal, pastos verdes y mucho cielo.
Botijuela es un lugar extraño, y todavía más extraño resulta el personaje que encontramos, el mismo tenía un puesto en donde criaba animales, hasta ahí nada extraño, lo curioso es que el caballero había tallado sobre el filo de un promontorio una especie de pileta de agua termal en donde pasaba las tardes luego de finalizadas las tareas diarias.
Miren no me vengan con la pileta de la terraza del Faena, del Lido de Okinawa o del Ritz del Paraje El Moncholo, les aseguro que la pile del maestro no tiene parangón!!!.
Y de la caldera con la que calienta el agua ni que hablar
Sí, hasta tiene su propio géiser que le asegura agua calentita en cualquier momento del día, má! que termotanque, caldera o calefón, géiser señores.

Caminos de la Puna catamarqueña
La formación rojiza a la distancia le indicó a David que habíamos llegado a Las Quínuas, ahora si me preguntan que hay más allá del pueblo, les digo que no sé, quizás monstruos abisales, tortugas gigantes, cíclopes, marcianos al ataque, la casa de la Familia Ingalls, Melmak o la Atlántida, en verdad no lo sé, y los mapas tampoco lo saben.
Dentro del pequeño oasis ubicamos la escuela y una dependencia de Vialidad provincial, saludamos a un par de personas que se asombraron de vernos y seguimos viaje porque las 17:00 horas que marcaba el reloj se tornaban peligrosas a la hora de encarar la Quebrada del Diablo con sol, y para llegar hasta ella deberíamos acertar con el punto exacto por el cual tendríamos que cruzar transversalmente al salar para dar con el camino hacia la quebrada, para ponerlo en claro, casi un imposible.
Volvemos a contrarreloj, pasó media hora y no hay señales de huella alguna que nos indique que por ahí podemos proseguir hasta la quebrada, de todas maneras la situación no era desesperante porque en el peor de los casos retornaríamos a Antofalla para proseguir la aventura mañana encarando la ruta "normal" por la altura de Los Colorados. Pero como ya había ocurrido con antelación de la nada apareció una camioneta minera con dos personas que nos indicaron el camino que ya habíamos sobrepasado, fue así que pudimos encontrar la puerta de entrada a la quebrada, suerte, mucha suerte, milagro, no sé, pasó por segunda vez y como verán luego pasará dos veces más, la última con mucha fortuna porque la situación era francamente difícil. Las 18:30 indicaban que los cuarenta kilómetros que nos separaban de Antofagasta harían que llegáramos de noche a la misma, tal como estaba previsto en el plan inicial.
Cruzando transversalmente el salar de Antofalla
La quebrada nos permite alcanzar los 4260 metros, una vez arriba se abre una gran pampa que nos recibe con las últimas luces del día y unos colores de emoción.
La última imagen del paisaje con luz quedará grabada para siempre, la emoción que sentimos los dos en aquel momento fue tan grande que nos largamos a llorar como dos chicos, descarga de tensiones, agradecimiento ante tal manifestación de vida, afectos perdidos, la soledad que a veces desespera, una, dos, todas las causas y una única consecuencia, el poder dar las gracias por  haber llegado hasta ahí


Para las 20:00 estábamos en Antofagasta de la Sierra, David fue al encuentro de otros tíos que nos ubicaron a alguien con combustible para vender ya que en la localidad, la estación de servicio no contaba con gasoil. Por fin a las 21:30 hicimos el ingreso triunfal en El Peñón, nos alojamos en la Hostería El Peñón, todo un lujo para la zona y para nosotros. Rica cena, rico tinto de Cafayate, buen baño, demasiado digamos, mañana, mañana nos esperaba Galán, Galán, el Hombre Muerto, la Intihuasi y el Alumbrera, tengo cada amigo!

2 comentarios:

  1. Recuerdo bien algunas de estas fotos tuyas porque cuando las publicaste me produjeron la misma emoción que ahora: son realmente ma-ra-vi-llo-sas! La B&N, curiosamente, me resultó un hallazgo...es un paisaje tan particular, tan equilibrado y pacífico en sus colores, que en la conversión uno se hubiera imaginado un monocromático demasiado "chato", sin embargo me parece que resultó ser una imagen cautivante. Felicitaciones, Rodo, por el magnifico esfuerzo (y por los resultados a la vista) en los viajes de este año. Sinceramente creo que tu trabajo es único, así que atesoralo porque estoy segura que más tarde o más temprano te traerá alguna sorpresa. Espero que el 2015 te traiga todo lo que esperás de él, y que nos permitas seguir disfrutando de tus aventuras argentinas a quienes nos hemos cargado la mochila para seguirte en tus blogs. Muchas Felicidades!

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  2. Muchas fotos ya fueron publicadas, pero mal publicadas, en forma aislada y mezcladas con tomas de Patagonia, Bolivia, Estación Los Muchachos, El Paine, Punta del Diablo y El Paraje La Zanja, la Biblia, el termotanque, Mozart y la escofina de la tía Pachola, un pastiche no apto para ansiosos y tendientes al aburrimiento rápido.
    Los blancos y negros a veces logran verdaderas poesías visuales, no quiero abusar porque siento que estoy falseando la naturaleza, preconceptos no superados, digamos.
    Cada año que pasa se torna más difícil salir, la edad, el trabajo, la familia bicentenaria, espero poder seguir y si no lo puedo hacer que no sea por culpa mía.
    Infinitos gracias por siempre estar presente, te debo muchísimo!
    Abrazo!!!

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