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jueves, 25 de diciembre de 2014

El Desierto Rojo, día 2, Jujuy/Salta, Argentina

El segundo día de travesía nos tendría que permitir llegar hasta Tolar Grande, el último refugio de vida inteligente antes de entrar en ese silencio gigante y eterno llamado puna salteña.
Ya sin mal de altura pero con mucha ansiedad recorro por segundo año consecutivo un poco de Susques antes de emprender viaje.
Las mejores tomas de Susques pertenecen al viaje del 2010, travesía que tampoco fue lo suficientemente ilustrada en este blog, así que prometo luego de finalizada esta aventura contar lo vivido en la puna jujeña siguiendo el derrotero de la nueva ruta 40.
Tomamos la nacional 52 rumbo al Paso de Jama, atravesamos el Estrecho del Taire, la Vega del Taire, a lo lejos yace la muralla de los grandes volcanes Tinte, Coyaguayma, Rosario y Granada, bordeamos el Salar de Olaroz, hoy famoso por ser centro de una explotación de litio limpio denominado "Sales de Jujuy", el proyecto está a cargo de la empresa australiana Orocobre, la japonesa Toyota, en asociación con la firma local JEMSE. El principal motivo del emprendimiento es obtener litio para los modelos híbridos de la automotriz japonesa.
Volvemos al pasado y continuamos el camino que nos enfrenta al pueblo semienterrado de Huayra Huasi, primera de las imágenes de un planeta ajeno que nos va a deparar este segundo día de aventura.
Mapa de la puna jujeña


Quizás se haya tratado de una antigua explotación minera, o un enclave de servicios durante la construcción de la ruta. Tomamos la provincial 70A entre Archibarca y Catúa, una apacheta indica 4523 metros sobre el nivel del mar, altura promedio que nos acompañará por los siguientes dos días.

Ruta provincial 70A
El Almacén El Sin Rival es todo un clásico, ahora no sé si será una cuestión de precios o de falta de competencia el hecho que le dio letra a tan particular nombre. Las tomas corresponden al día lunes 28 de marzo pasado el mediodía y recuerdo que la señora que aparece en la foto fue el único ser humano que vimos, fuera de algún muy esporádico cruce de vehículos hasta que legamos a Tolar. 
Proseguimos marcha atravesando el Abra de Arizaro de 4380 metros con vistas a los volcanes Cachi y Palermo y el Salar de Caucharí con el fondo de los cerros San Jerónimo y La Mesada.

Ya en territorio salteño arribamos al pueblo fantasma de Caucharí, enclave de importancia ya que aquí se dividen los caminos que siguen a los tres pasos fronterizos con Chile Huayquitina, Sico y Socompa. A partir de ahora la maravillosa traza de la provincial 27 nos acompañará hasta Tolar Grande.


Por favor tengan en cuenta si es que alguna vez se animan a internarse en este verdadero mundo paralelo, que muchos sitios que están marcados como pueblos son esto que muestran las tomas, enclaves abandonados sin ningún habitante, sacando Pocitos y Tolar todo el resto de los pueblos son fantasmas, así que si alguien pensó, Jé, llegamos a Caucharí, nos alojamos, nos tomamos unas birritas, un regio baño, a la noche le entramos al cabrito con un buen vinito salteño y después por la mañana, desayuno con pan casero, cargamos combustible que ya vamos en reserva y después,  pa´ Chile, que las playas nos esperan, error, "Houston estamos en problemas"...
Laguna Seca es una de las tantas estaciones abandonadas del mítico, muy mítico C14, el ramal del Belgrano que une Salta con Socompa en la frontera con Chile, quizás la obra de ingeniería más espectacular de toda la historia nacional, hoy casi abandonada en el tramo Viaducto La Polvorilla-Socompa.


Dejo el enlace al primer tramo del recorrido del C14, para seguirlo hay que ir tildando sobre la opción "entrada más reciente" hasta llegar a la última en Socompa.

Pocitos o Salar de Pocitos es un pueblo con vida gracias a las explotaciones mineras que tienen depósitos allí, recuerdo un predio cerrado muy grande de Techint, con camiones y vagones en su interior, de todas maneras no pierde esa impronta que caracteriza a los pueblos de la puna salteña.


La provincial 27 arremete ahora sobre el Salar de Pocitos a 3710 metros, con sus tierras que pasan de un gris ceniza a un rojo profundo en cuestión de metros, luego viene la interminable recta del Campo de la Paciencia con sus casi 30 kilómetros de nada, Los Colorados y el indescriptible Desierto Rojo.

Mapa de la puna salteña



Pasando la interminable recta del campo de la Paciencia cada vez se hacía más visible el contraste con Los Colorados la antesala a Marte.


Los Colorados son la antesala del Desierto del Diablo o El Desierto Rojo como me gusta denominarlo en una suerte de homenaje al film de Michelangelo Antonioni.


En este punto valen un par de aclaraciones, la disparidad de tonos de cielo se debe a que las tomas están hechas por dos personas diferentes con tres máquinas distintas, David, yo y una Sony DW55, la vieja Nikon 2000 y la nueva Coolpix a la que ninguno de los dos le tenía dominio pleno, de ahí la falta de uniformidad en las texturas y los colores, amén de una cierta falta de ir un poco más allá de un buen enfoque. Creo que éste fue el último viaje en que no reparé sobre una concepción más artística de la fotografía, hecho que puede contrastarse con las tomas actuales. Otra cuestión tiene que ver con los diferentes puntos de vista de las fotos, la respuesta es que David las tomaba a la vera del camino y yo pretendía subirme a la mayor cantidad de cerros arcillosos para capturar la totalidad del paisaje con la consabida agitación y malestar por falta de oxígeno suficiente, pero es que no alcanzaba la vista, quería ver más, el lugar es mágico, excesivo, descontrola, inquieta, pone de manifiesto nuestra incapacidad de ver y sentir plenamente, hace aflorar nuestra pequeñez humana, nuestro estúpido apego al horario, la necesidad de seguir sin tomarnos el tiempo necesario para vivir un momento único.


Atravesamos El Valle de Los Sueños o Los Colorados, el Desierto Rojo, el Salar del Diablo, la Sierra Macón para arribar al último sitio antes de terminar el día en Tolar, los Ojos de Mar.


Va enlace con la descripción técnica del lugar y el comentario de un científico español.

Tras los Ojos se divisan los volcanes Llullaillaco, Socompa, Arizaro y Aracar, Tolar se hallaba a la vuelta de la esquina. Nos alojamos en la casa de Flavio Quipildor y María Casimiro, enseguida y mientras David se sumía en un descanso obligado y necesario salí en busca de la estación de tren y los viejos galpones.
Tolar Grande tiene una historia muy particular, durante la década de los cuarenta vivían en el pueblo unas 4000 personas dedicadas directamente o indirectamente a la minería y la actividad ferroviaria, principalmente en relación con Mina Julia y Mina Arita.
Para mediados de los ochenta cerraron las minas y con ella llegó el cierre del ramal, Las casi mil personas que vivían en el barrio ferroviario emigraron y los mineros partieron en busca de nuevas oportunidades, dejando al pueblo con tan solo 16 habitantes para 1996. Fue aquí cuando la reacción del Gobierno provincial salvó a Tolar de su destino de fantasma a través de un plan consistente en repatriar trabajadores ofreciéndoles casa, agua y luz de manera gratuita conjuntamente con un trabajo municipal, la única condición es que deberían ser originarios de la nación Kolla de la puna, así el pueblo comenzó a repoblarse teniendo en la actualidad más de 270 habitantes.
Los habitantes de Tolar también supieron decir NO a la minería, ya que había proyectos de reactivación direccionados en ese tema, pero el consejo Kolla se reunió con su Cacique al frente, discutieron, votaron y le dijeron NO a la contaminación, autoproclamándose "municipio turístico de aventura y comunidad Kolla"



El recuerdo más vívido de la visita a Tolar viene de la mano del viento, y de los sonidos dentro del galpón de máquinas, golpes y chirridos que siguen resonando en mi cabeza y que cada tanto se confunden con los de los frigoríficos patagónicos o la Mina La Mexicana.



El verdadero orígen del futsal

Para las 18:00 volví a la casa de Flavio y María, allí me esperaban con la merienda, luego vino el baño, la escritura de las notas que me permiten hoy contar la historia con algunos detalles objetivos y luego los ravioles a la hora de la cena. A la noche el viento no dejó de hacerse notar y resulta uno de los recuerdos más nítidos de toda la travesía, travesía que mañana comenzaría y terminaría en Tolar, pero que encierra dos lugares imposibles de olvidar, "créanmen", que no los voy a defraudar.


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