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sábado, 10 de enero de 2015

Oros, Timón Cruz, Oratorio, El Angosto, Santa Catalina, Tafna y una reflexión para el final, Jujuy, Argentina

El segundo día de la travesía por el lejano oeste jujeño comienza bien temprano y con la novedad del vidrio de la camioneta totalmente escarchado, pero tan escarchado que ni se inmuta con el agua tibia del mate que le vuelca David. Salimos entonces con muy escasa visión, pero a los pocos kilómetros y por los efectos de los rayos de sol directo la cosa se normaliza y volvemos a tener contacto visual con la Puna en su máximo esplendor. La primera parada obligada la hacemos en el pueblo fantasma de Oros. Son las 8:00 y el silencio abruma, no encontramos a nadie y las casas parecen entre abandonadas y deshabitadas.




Nuestro camino gira a la izquierda y esos 108 kilómetros que nos separan del destino final se convertirán en más de 200 teniendo en cuenta la ida y vuelta al Filo del Angosto, punto final de Argentina.
La 40 va en busca de San Juan de Oros, pueblito al que no entramos, luego se encajona entre unos paredones altísimos que le restan toda la luz natural, ese tramo es muy peligroso porque coincide con el lecho de un río que se pone muy bravo en época de lluvias, así que hay que tomar todas las precauciones si alguien desea transitarla durante algún verano lluvioso ya que no hay escape lateral posible.
San Juan de Oros

Timón Cruz se alza sobre una única calle que termina frente al salón de usos múltiples, la iglesia y el polideportivo. Todavía, a más de cuatro años de haber sido tomada me sigue impactando la imágen del aro y más allá la eternidad, esos vacíos tan profundos que abundan en la Puna, la Pampa y Patagonia resultan conmovedores. 
Seguimos en el camino a más de 3600 metros rumbo a Oratorio, hace más de dos horas que nos lanzamos a la ruta y todavía no nos cruzamos con nadie y es más, hasta Santa Catalina tan solo sobrepasaremos a un camión del ejército que resultó llevar provisiones y bancos para la escuela de Oratorio.
La diminuta capilla que da nombre al pueblo se halla sobre el camino de ingreso al mismo, vista en relación con el infinito que la rodea la dota de una escala de maqueta en miniatura. El pueblo está consolidado, con movimiento y construcciones relativamente nuevas. En la plaza, cercada y con puerta de ingreso luce un pequeño busto de Laprida.
Seguimos, atravesando cuestas de más de 4200 metros, trepando varios zigzag en donde solo entra un vehículo y con ayuda, pero el arribar donde comienza o termina Argentina todo lo justifica.
El Angosto está a escasos kilómetros de la frontera entre Argentina y Bolivia  y a muchos de algún centro poblado con equipamiento, asi que o es autosuficiente a su modo o está condenado a la extinción.
La imprevista llegada de desconocidos causa cierto alboroto, primero son los chicos quienes se acercan averiguando de donde venimos, por qué venimos, a donde vamos, por qué vamos y luego los grandes hasta llegar al comunero que nos formula las mismas preguntas, nos invitan a comer, a tomar té de coca, a charlar, a contarnos sus necesidades ya que presienten que somos algo más que dos simples viajeros, aceptamos el té y escuchamos sus faltantes, agua, teléfono, caminos, medicinas, útiles, escuchamos y no prometemos nada, porque sería una descortesía y una estupidez generar promesas que no están en nuestras manos cumplimentar, aclaramos una y otra vez que no somos ni del gobierno, ni de la iglesia, ni periodistas, que no escapamos de la justicia, ni somos ingenieros de alguna petrolera ni constructores de shoppings, pero para ellos resulta más lógico que seamos todo lo mencionado anteriormente que tan solo viajeros en plan de aventura. Agradecemos, nos sacamos fotos con los chicos y con el comunero a solas, seguimos viaje imaginando que habrá quedado de la charla y si nos habrán creído o no.
Llegar a Santa Catalina desde El Angosto es como arribar desde El Angosto a Chicago, cordón cuneta, casas entre medianeras, luz, autos, algún que otro cartel, cables, voces. Santa Catalina está llamada convertirse en la nueva puerta de la Puna, en una avanzada hacia el noroeste profundo, teniendo en cuenta que durante años los pueblos ubicados sobre la ruta 9 eran sinónimo de esa geografía, Tres Cruces, Abra Pampa, La Quiaca y Yavi eran para el turismo los puntos de contacto con la región más dura de la Patria, con altura, mal de altura, viento y mucho frío. Ahora la nueva traza de la nacional 40 y el acceso a la extrema provincial 70 han corrido ese eje hacia el oeste y allí Santa Catalina junto con Susques aparece como el centro poblado más grande capaz de brindar los servicios necesarios para el turismo de aventura, espero que si ello ocurre no pierda ese encanto de pequeño enclave que alguna vez quizás haya tenido la Quiaca, hoy la Tokio de la Puna.


Almorzamos un rico bife con ensalada en la casa de una señora que prepara comidas y continuamos camino sin sobresaltos, la ruta está en buenas condiciones, no hay más cornisa y es apta para cualquier vehículo.
Antes de arribar a La Quiaca nos encontramos sin saberlo con una joya escondida, ya que le da la espalda a la ruta y desde la misma solo se divisan sus torres.


Tafna, nada que decir, tan solo callar y contemplar


Para las 15:00 arribamos a La Quiaca, ciudad fronteriza con Bolivia y paso obligado para continuar mañana con la aventura que terminará en el Salar de Uyuni, tras recorrer toda la Puna boliviana. Nos alojamos en el Hotel de Turismo y dedico el resto de la tarde a perderme en el mercado, con sus olores y colores. Pizza y empanadas para la noche y fin de la travesía por el lejano oeste jujeño, una geografía muy poco difundida para el momento que me dí el gusto de recorrer en ese estado virginal antes que lleguen a ella, las cadenas de hamburguesas, los doble pisos, las casas de cambio, las colas en los cajeros automáticos, los lomos de burro, los cables, los supermercados transnacionales, los choques en las esquinas y los secuestros exprés. 


Dejo el enlace a la primera parte de la continuación de la aventura por Bolivia, para seguirla hay que señalar la opción entrada mas reciente y con ella avanzar hasta llegar al "Fin de nuestros servicios" en Tupiza


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