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jueves, 3 de diciembre de 2015

Parque Nacional Sajama, tierra de luchas quijotescas, capillas asombrosas y recetas gourmet. Estado Plurinacional de Bolivia, día 7


Yo sabía que en algún momento iba a suceder.

Termino de escribir las notas del día 6 y me preparo para dormir, ya son pasadas las 0 horas del martes 1 de setiembre, séptimo día de la travesía. La cama era un bloque de piedra con un colchón y unas 7 u 8 mantas de llama sobrepuestas imposibles de sujetar. La pequeña cabaña no contaba con calefacción y el frío era muy intenso y por un instante pienso con que opciones contaba a la hora de meterme en la cama.
1/ Desnudarme y cubrirme con las 7/8 mantas.
2/ Abrigarme lo más posible y quitar mantas, buscando un equilibrio.
Quizás por la hora, quizás por el cansancio, quizás por las Huari decido sacarme toda la ropa y zambullirme rápidamente bajo varios kilos de frazadas de llama, siendo consciente que no debería moverme demasiado si no quería deshacer la torre que me aprisionaba sobre el delgado colchón.
Realmente la sensación de ahogo era agobiante, más cuando le sucede a una persona que sufre en demasía el calor. Los minutos pasaban y el estar estático me resultaba imposible, comencé entonces a moverme, a rotar bajo la tonelada de lana y tal como lo dictaba la lógica el conjunto comenzó a desordenarse.
En algún momento me quedé dormido y en algún instante todo se fue al suelo, Dios, yo sabía que en algún momento iba a suceder.
No podría describir con palabras el frío que reinaba dentro de esa cabaña, ciertamente me vino a la cabeza esa frase de programa de supervivencia  "el frío era tan intenso que podía cortarse" y sí el frío parecía sólido, podías tocarlo, podías sentir como te envolvía, así que me puse la campera y comencé a armar nuevamente la torre, pero ahora tratando de utilizar la opción 2, vestirme lo más abrigado posible y poner menos mantas, quizás no más de tres, o mejor dos. Miro la hora 03:30, pienso en la temperatura y la calculo en menos ocho, menos diez, ya que afuera puede llegar si corre viento, hasta los veinticinco bajo cero.
Me despierto a las 08:00, hora exacta del suculento desayuno con pan y manteca casera, café, jugo y yogurt. Cuento las escenas de lucha vividas y como era de suponer despiertan gracia entre Alex, Aldo y Oscar.
El programa para el día indicaba actividad hasta el mediodía, visitar los géiseres, los baños y las lagunas siempre y cuando el clima lo permitiera.
Primero pasamos por la plaza para sacar fotos con el sol a nuestras espaldas.


Llegar hasta los géiseres significa transitar por un camino de montaña muy rudimentario rodeado y transitado por llamas y alpacas, muchísimas llamas y alpacas. En verdad cada vez que uno se encuentra en esa situación tiende a querer sacar decenas de fotografías pero pienso que ya he sacado tantas fotos de camélidos en tantas geografías tan dispares, que mejor quedarse relajado y gozar de la escena.

Pero resulta inevitable, más cuando posan delante de los gemelos Parinacota y Pomerape.

Los géiseres de Junthuma son formados por la actividad geotérmica de la región, la misma es causada por el contacto entre el agua superficial y la roca recalentada en el subterráneo.



Frío, viento, vapor envolvente, fuerte olor a azufre, sonido de cascadas, verdes, azules, ocres, naranjas, amarillos, armonía, silencio, paz, mucha paz. Todo eso y mucho más transmite Junthuma, esa hermosa sensación de suave cobijo ante el frío, esa sensación de sumergirse dentro de un vapor embriagante, que difusa la visión pero que te brinda un abrazo cálido y terso.
No dan ganas de salir de allí, de esa sensacional zona de confort que paradógicamente te brinda uno de los lugares más violentos, por lo extremo, de toda Sudamérica.
Y si hablamos de extremo, hablemos de la temperatura del agua, imposible sumergir la mano dentro de una fumarola, ni siquiera en cercanías de ella, ¿que exagero?...

Exquisitos huevos duros a la Junthuma

Un manjar acompañado por pan casero y café bien caliente. Seguimos recorriendo un rato más y a cada paso aparece un color nuevo, otra sensación de suave caricia que disputa su supremacía con el viento que silba entre las montañas.


El vapor lo envuelve todo y uno se relaja en medio de un sueño difuso


Dejamos los géiseres para dirigirnos a los baños, pero durante la marcha decidimos obviar la visita ya que ninguno quería sumergirse en los mismos, así que utilizando otro camino volvimos a Sajama, por suerte en el trayecto apareció una capilla abandonada junto a un caserío, así que la decisión fue por demás de acertada.





Pomerape con sombrero

En el Altiplano abundan estos pequeños poblados, algunos un poco más grandes poseen unas capillas formidables, la idea sería armar un tur que solamente se encargara de recorrer esos sitios.
Almorzamos sopa y pollo con fideos, preparamos las mochilas y emprendemos la vuelta con la idea de pasar previamente por unas lagunas que suelen reflejar a los volcanes, pero el viento seguramente ondulará la superficie y se perderá el efecto espejo.


Antes de subir a la Ruta 4 nos encontramos con otra joyita, la capillita de Chiarcollo con los gemelos por detrás. Lamento el no poder visitar más parajes solitarios como estos, pero el hacerlo nos demandaría un día más que no estaba pautado.


Como era de prever las lagunas están muy picadas por el viento y se pierde el efecto espejo, en verdad son muy pocos los momentos en que no corre algo de viento en la zona, es cuestión de suerte como ocurre con casi todos los hechos que suceden en este tipo de aventuras.


La vuelta se torna tediosa son más de cuatro horas circulando por la 4, la autopista La Paz-Oruro, las avenidas de El Alto y las intrincadas callecitas empedradas del centro paceño. Llegamos al hotel pasadas las 18:00, tomo otra habitación por una noche y por suerte no me dan la endiablada 103, la del tele en chino, voy a la 102 y lo primero que hago cruzando los dedos de los pies es prender la TV por cable y Aleluya!, Aleluya!, se ven como 189 canales, muchos locales que eran los que yo deseaba porque estaba muy interesado en saber como trataban los medios al gobierno del Presidente Evo Morales.
Baño reparador y cena de ravioles de quinoa con cerveza de quinoa, lujo total.
Notas del día 7 y mucho zapping por los canales nacionales, el resultado, parecido a lo que sucede en Argentina, medios oficialistas pero no tan agresivos, medios intermedios, críticos pero hasta ahí y medios totalmente opositores, igual o peores que aquí. Me duermo ya entrando el día 8...El día 8, prefiero ni imaginarme todo lo que está por venir. Mejor me duermo envuelto en unas mullidas nubes de Úbeda. (2)





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