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jueves, 1 de enero de 2015

Las Dunas de Tatón, el oratorio devorado, Fiambalá y toda la moda de Anté Garmenóz, día 7, Catamarca, Argentina

El séptimo día preveía una travesía corta y sin sorpresas, recorriendo caminos y huellas bien conocidas por David un oriundo de la zona, así que pasadas las 9:00 salimos con destino final la ciudad de Fiambalá, último destino programado que como veremos no terminó siendo tal.
Sin duda la jornada de hoy tenía un atractivo principal llamado Dunas de Tatón y para mí el desafío de hallar a la huidiza capilla de San Isidro semienterrada en la arena de las dunas de Medanitos.
Por una estrecha ruta de montaña a 2200 metros de altura comienzan a desfilar pequeños pueblos, parajes y sitios de encanto serrano como La Zanja del Diablo, Ciénaga y Antinaco
Toda el área que va desde Ciénaga hasta Fiambalá está definida por un elemento que la distingue, casi podríamos decir como una marca registrada para la zona, la arena, los arenales convertidos en amenazantes dunas de más de 80 metros de altura. Al cruzar por esos extensos cauces secos de los ríos ya se puede divisar a lo lejos la arena adosada a las montañas. Pintorescos cementerios y las construcciones de adobe son otros sellos distintivos de la zona que se extiende con esos rasgos hasta Tinogasta, conformando un circuito turístico que comienza a ser muy demandado denominado "La ruta del adobe".
Las ruinas de una vieja escuela abandonada nos permiten admirar detalles constructivos de la técnica de edificación con adobes, espesores de muros, dinteles, soporte de los techos, lástima que no se haya intentado preservar la ruina como patrimonio local, o incluirla en la famosa ruta que culmina teóricamente en Fiambalá.
El viaje prosigue hacia Palo Blanco, el punto más importante de éste tramo de la provincial 34, pueblo precordillerano con extensas plantaciones de vid, ubicado a 50 kilómetros al N de Fiambalá.
Aquí recorrimos la plaza, un oasis de colores y sombras, un curioso oratorio adosado a la pared del hospital y una bodega artesanal en donde compramos el vino necesario para el asado programado para la noche en las Termas, termas, agua, malla, no tengo malla, para que voy a traer una malla en un viaje por la Puna, acaso son termas nudistas, no,caramba...


En un momento determinado y casi sin darnos cuenta apareció en nuestras vidas un elemento casi olvidado, el pavimento, aquella superficie que supimos transitar durante algunos pocos pasajes del camino entre Caipe y La Casualidad y que luego durante cuatro días desapareció del vocabulario.

Los cerros frágiles se van desgranando debido a los intensos vientos y se van convirtiendo en arena que se va acumulando en cuanta superficie se le presente durante su camino.
Las Dunas de Tatón se hicieron célebres cuando a partir del 2009 el Rally Dakar las tomó como protagonistas principales, debido a la espectacularidad que provoca ver a esas moles escalando y deslizarse por esas paredes de más de 80 metros.


El sol del mediodía espanta a cualquier mortal, por eso decidimos seguir viaje hasta donde culmina el camino, en Puerta de Tatón, buscando la Capilla del Señor de la Agonía, durante el trayecto siguen apareciendo formaciones montañosas con arenales. Aquí se ha hecho muy usual la práctica del sandboard, que consiste en deslizarse con una tabla especial a través de las altísimas dunas.
La capilla ubicada en Puerta de Tatón fue construída hace unos veinte años como resultado de la fe de miles de peregrinos que veneran al Señor de la Agonía. La historia cuenta que en 1946, Bautista Morales Rosa, un jovencito de 14 años encontró en el lecho seco del río Abaucán un crucifijo dorado, al poco tiempo los pobladores comenzaron a pedirle favores y gracias que supuestamente eran cumplidas, esos actos de fe se esparcieron por el boca a boca en toda la región convocando a miles de fieles que terminaron generando un santuario que impulsó la creación de una capilla al final de una gran escalera que los promesantes suelen subir de rodillas y un predio muy grande en donde se permiten acampar durante los días festivos. Nosotros aprovechamos la proveduría para comprar comida que con ganas devoramos bajo la hermosa sombra.

Para la vuelta dejamos la búsqueda de la capilla de Medanitos, en verdad estuvimos largo rato buscándola porque nadie sabía sobre su existencia, nos fueron derivando de casa en casa hasta que por fin encontramos a alguien que creía tener un conocido que sabía de una señora que alguna vez había hablado con un viejito que vivía pegado a un arenal que supo esconder una especie de oratorio que fue tapado por la acción del viento. Bueno vayamos por parte en busca del amigo para que nos guíe con la señora que nos ubicará al viejito que vive pegado al arenal, siempre y cuando el arenal no se halla tragado a la casa del poblador.
La historia es cierta y demandó un par de horas hasta dar con Don Nicolás Reales de sesenta y ocho años, el único sobreviviente en la zona conocida como San Isidro ya que todo el mundo escapó de allí temiendo ser devorado por la arena, que un día llega y para la noche te comió la casa, si eso pasa yo me voy a quedar adentro, no me voy a ir, moriré bajo la arena, no tengo donde ir y aquí viví toda la vida.
La casa de Don Nicolás y la duna que la acecha, duna que seguramente ya habrá devorado la casa como lo hizo con el oratorio de San Isidro, es de esperar que alguien haya convencido al poblador para que desista de tal idea suicida, espero!
Los restos del oratorio y Don Nicolás convertido en sombra


Para las 17:00 ya estaba instalado en el hotel de Fiambalá, me debía otra vuelta por la hermosísima iglesia de San Pedro que data de 1770, en ella se guarda una imágen del santo traída de Bolivia y algunas piezas de arte cuzqueño, luego un tranquilo regreso al hotel aguardando el momento de ir a las termas de Fiambalá, todavía estaba a tiempo de comprarme la malla, la compro o no la compro...

Las termas de Fiambalá se ubican a 16 kilómetros de la ciudad, en una quebrada natural de 1850 metros de altura. Están compuestas por 17 piletas en donde el agua caliente se va haciendo más fría a media que baja a los niveles inferiores, según la promoción de las mismas ofrecen una de las mejores aguas termales del mundo. Para la ocasión utilizamos las terrazas a 35-38 y 39 grados, y asiento que se trata de un lugar del cual no te quisieras ir jamás, sobre todo cuando te colocas bajo el violento chorro de agua que cae de la pileta superior inmediata. Son las 20:30, hay gente disfrutando de las mismas y los asadores, también el complejo cuenta con  hotel y restaurante. Bien a esta altura alguno podrá preguntarse con que ropa me metí a las piletas naturales, muy simple, en zolcillonca, busqué el más digno y listo, total la gente que sabe, y si sabe, que le importa y si le importa, mala suerte...
Luego vino el asado hecho por David padre y David tío, la ensalada, el patero de Palo Blanco, las anécdotas que incluyeron a conocidos de la familia y amigos de amigos, todo hasta las 24:00, hora en que cierran el complejo, luego no te queda otra opción que alojarte o quedarte por ahí, ya que no se abre hasta la mañana del otro día, bajamos entonces hacia Fiambalá a la espera de hoy, día nueve, último día de viaje con David, viaje que nos llevaría a los seismiles y las lagunas del Pissis, una travesía muy poco conocida para el momento de realizar la aventura y que se convertiría en toda una aventura en si misma con final incierto que de algún modo cambiaría el curso de la historia.



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