Páginas vistas en total

domingo, 25 de enero de 2015

Siempre es bueno volver a Salta, El Toro, Chorrillos, Tastil y San Antonio de los Cobres, día 5, Salta, Argentina

Siempre está bueno volver a Salta, pisar sus calles, caminar por el mercado, comer empanadas, hablar con la gente, y durante este viaje esas sensaciones se volvieron a manifestar aunque haya sido muy corto el tiempo que permanecí en su capital, tiempo necesario para armar la continuidad de la travesía.
A media mañana de ese quinto día partí para San Antonio de los Cobres ascendiendo por la ruta 51. La primera parada obligada la constituye el Viaducto El Toro, una aproximación a ese gigante llamado Polvorilla, acoto que será la primera vez que transito por este camino en auto, con la posibilidad de paradas intermedias ya que con anterioridad había recorrido la zona en tren y en colectivo de línea.
La quebrada y el viaducto El Toro ofrecen vistas muy potentes, caminar sobre el mismo también genera sensaciones muy fuertes sobre todo si un viento considerable cruza la quebrada. Parado a mitad de camino y con la vista al frente pareciera que estás en el aire, sobrevolando un cauce muy ancho surcado por unas cuantas venas de agua amarronada, la experiencia genera una pequeña dosis de adrenalina que inunda de vida tu torrente sanguíneo.
La 51 comienza su ascenso entre montañas muy verdes que poco a poco comenzarán a despojarse para dar paso al paisaje de altura que marca el inicio de la Puna salteña, mientras tanto uno no para de sorprenderse con la ingeniería del C14 y de maravillarse con los pequeños caseríos que se van sucediendo a lo largo de ese camino entre valles.
La capilla de Chorrillos
La tercer parada obligada la hacemos en Santa Rosa de Tastil. Tastil fue la ciudad precolombina más grande del actual territorio argentino, se ubica a 3200 metros sobre el nivel del mar y se estima que para mediados del 1400, en su momento de mayor esplendor, la habitaban unas 3000 personas de la cultura Atacama.
Su nombre procede de la unión de dos palabras quechuas "taski", doncella vírgen e "illay", resplandeciente, resultando Taskill o Tastil, doncella resplandeciente.
Las ruinas fueron descubiertas por el sueco Eric Boman en 1903 y en 1967, un equipo de trabajo de la Universidad Nacional de La Plata las reconstruyó parcialmente.
Fue ocupada por miembros de la cultura Atacama que tuvo su orígen sobre el Pacífico, era un centro de organización, distribución e intercambio de los productos que se extraían en toda la región.
El sitio contaba con núcleos habitacionales, cementerio, calles sobreelevadas que conducían a espacios públicos o comunes como lugares de molienda de maíz y quinoa, corrales de llamas y plazas. Precisamente en la plaza principal se encontraba la piedra ceremonial o wanka donde se realizaban las prácticas ceremoniales.
Nótese la estratégica ubicación del pueblo, en un lugar sobreelevado dominando la entrada al valle, con magníficas visuales que daban el tiempo necesario para preparar una defensa en caso de un posible ataque.
Pero pese a su esplendorosa situación, a su condición de centro económico y cultural, Tastil fue abandonada cuando estaba en la cúspide de su prosperidad.
La ciudad quedó desierta entre los años 1439 y 1442. A pesar que arqueólogos, antropólogos e historiadores no se ponen de total acuerdo, la versión más consolidada refiere a que Tastil fue abandonada debido a la invasión Inca que se realizó durante el momento de mayor apogeo de la cultura Atacama. Se considera que dicho abandono no fue voluntario sino que éstos fueron reducidos en "mitimaes", es decir fueron desarraigados y conducidos a otros lugares según la conveniencia referida a la explotación territorial de la cultura invasora.
Por un momento imagínense un edificio de tres pisos, bueno ese cactus mide 10 metros o sea la altura de ese edificio. Otro motivo más para maravillarse con la geografía de Tastil.
Para cerrar el capítulo debo decir que fueron contabilizados 1160 recintos de piedra, distribuidos en las 12 hectáreas que conforman el sitio, que fue declarado MHN en diciembre de 1997.
Abajo en el pequeño pueblo se ubica el Museo Moisés Serpa y la capilla que venera a Santa Rosa de Lima.
El camino trepa hasta los 4085 metros, alcanzando su máxima altura, para luego descender al momento del arribo a San Antonio de los Cobres, ciudad que se convirtió en puerta de entrada a la Puna salteña, pero que fue perdiendo encanto a medida que fue ganando en servicios y población, hoy ese encanto todavía se puede visualizar en pueblos pequeños como Tolar Grande y Santa Catalina, que corren serios riesgos si aumenta la demanda turística y no se controla el crecimiento responsable siguiendo patrones culturales.



Me alojé y establecí contacto con quienes me conducirían durante las dos jornadas siguientes. Una de esas personas fue un trabajador minero, ahora desocupado de esa actividad que se ganaba la vida conduciendo un transporte público y elaborando junto a su familia hermosas tallas en piedra. Gracias a eso pude recorrer las canteras en donde extrae las pequeñas porciones de material, pudiendo colaborar en la búsqueda del mismo.


Por la noche una cena muy liviana y el padecimiento casi obligado del mal de altura, la señal que nos manda la Pacha para que tomemos conciencia que sobre esos territorios ella es la que ordena. Té de coca, coca, ibuprofeno y varias horas de insomnio hasta que todo se normaliza y el cuerpo se adapta a la presión y al ritmo que la Tierra impone.


No hay comentarios:

Publicar un comentario